Rachel James.
El aroma de la habitación me recuerda donde me encuentro. La combinación del perfume especiado y la loción de afeitar, son características de mi novio. La sábana está tibia y mi cuerpo también, demasiado. Hay una presión incómoda entre mis piernas que no se fue con el sueño.
El recuerdo de la noche vuelve; su espalda bajo mis manos, su respiración tranquila, su forma de rodearme como si yo fuera algo frágil que no debía romperse.
Bratt siempre es así y no puedo evitar compararlo. Christopher ocupa el pensamiento sin pedir permiso. Más alto, más ancho, simplemente más oscuro. Donde Bratt parece salido de un cuento, Christopher es otra cosa: una bestia que no pide, que toma.
Me levanto y camino hasta él sin decir nada. Lo beso primero en la mandíbula, luego en la boca. Bratt sonríe contra mis labios y responde con dulzura. Sus manos —suaves—, me rodean la cintura. Pero no es suficiente.
Mis dedos se aferran a su camiseta, intento subirla con urgencia.
—Rachel… —murmura. Insisto. Mis labios bajan, mis manos no se detienen. Entonces me toma las muñecas y me frena. No es brusco. Nunca lo es, y eso es lo que más me molesta—. Hey —dice, apoyando la frente en la mía—. Tranquila. —Me besa el cabello—. Lo siento —añade—. Voy tarde. Tengo que ir a la asamblea.
La palabra me cae mal.
—¿Eso es todo? —le digo, sin disimular—. Recién vuelves de misión, apenas dormimos juntos y ¿te vas? Quiero follar contigo.
—No es irse —responde—. Nos veremos luego. Además… —sonríe un poco— no es “follar”, Rachel. Es hacer el amor. —La frase me revuelve el estómago. Me toma el rostro entre las manos, como si pudiera acomodarme por dentro igual que acomoda su uniforme—. No tienes que sentirte así —continúa—. Eres importante para mí.
Asiento. Forzo una sonrisa y me obligo a relajar los hombros.
—Está bien —digo—. Tienes razón.
Él se tranquiliza al instante. Me besa una última vez, lento y casto. Luego toma su chaqueta y se dirige a la puerta.
—Luego hablamos —dice antes de salir.
Me quedo unos segundos mirando la puerta cerrada. Luego exhalo y voy al baño. El agua fría me devuelve al cuerpo. Me recojo el cabello, me lavo la cara más tiempo del necesario, como si pudiera quitarme la sensación de encima.
Bajo a la cafetería por café. En el pasillo casi choco con alguien.
—¡Rachel!
Levanto la vista y ahí está Luisa, con la mochila en el hombro y la piel ligeramente bronceada.
—¿Cuándo volviste? —la abrazo.
—Anoche —sonríe—. Santorini fue precioso. Caótico, pero precioso. —Caminamos juntas—. Te ves… bien —dice, observándome con atención—. Pensé que con el regreso de Bratt iban a follar como conejos. Esperaba encontrarte cojeando.
Suelto una risa corta. Suena mal incluso para mí.
—Ojalá.
—Eso no sonó a broma.
Tomamos café y nos sentamos en una mesa lateral, lejos del ruido. La miro y se me cae la fachada.
—Estoy agotada —digo—. Y molesta, frustrada. Todo al mismo tiempo. —Ella no interrumpe, solo asiente. Las palabras salen atropelladas. Le hablo de Bratt, de lo poco que lo he visto, de cómo todo es suave, correcto y lento. De cómo me siento culpable por compararlo y por serle infiel—. Me estoy comportanto como una verdadera perra con Bratt, él me ama y yo no puedo dejar de imaginarme con su amigo. Christopher solo me está complicando la vida y no soy capaz de imaginarme lejos de él.
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En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]
FanfictionLa familia Winslow ha sido una de las familias más importantes de la FEMF y Raisa Winslow es la joya de la corona. Después de que Cristopher Morgan haya vuelto de Italia, el consejo decide eliminar su paso en la FEMF y para evitarlo, Alex Morgan de...
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