36. Jaque Mate

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Raisa Winslow










El aire fuera del castillo es más frío que afuera, pero no lo suficiente como para justificar cómo se me mete bajo el vestido cuando Antoni vuelve a tomarme del brazo y empieza a caminar.  No me resisto ni me adelanto, simplemente me adapto a su paso, porque ahora mismo oponerse sería inútil y él lo sabe.

El exterior es exactamente lo que esperaba y peor, no por descuido sino por lo contrario, jardines perfectamente delimitados, grava limpia, senderos trazados con precisión, todo demasiado ordenado a comparación de los calabozos y postes, destinados a torturar a sus víctimas, que imaginé.

Un grupo de halcones ocupa una sección del jardín convertida en campo de entrenamiento improvisado, aunque nada en esto se siente improvisado. Hay estructuras de madera, blancos colgados, algunos móviles, otros ya marcados por impactos repetidos. No usan armas de fuego, no los necesitan cuando tienen cuchillos y navajas a la mano.

El sonido que escuché antes vuelve a repetirse cuando uno de ellos lanza y la hoja se incrusta limpia en el centro de un blanco.

—Disciplina —dice Antoni, notando hacia dónde miro—. Es lo único que separa a un hombre útil de uno reemplazable.

Sigo observando.

Algunos lanzan desde distancia fija, otros avanzan mientras lo hacen, midiendo  su pasos y corrigiendo ángulos. Y entre todos ellos, uno no entrena; Ali Mahala está ligeramente apartado, lo suficiente para no mezclarse y me está viendo a mí. Sostengo el contacto el tiempo necesario, pero no lo suficiente para que Antoni lo note.

—Veo que tienes a todos ocupados —comento sin dejar de caminar—. Es curioso, esperaba más... caos.

—El caos es útil afuera, aquí dentro solo estorba.

—¿Y ellos? No parecen hombres que necesiten mucho control.

—Precisamente por eso lo tienen —dice—. Un hombre que sabe lo que puede hacer es más peligroso que uno que solo cree que puede hacerlo. —No respondo, pero seguimos caminando durante varios minutos, observo todo a mi alrededor y estoy en una verdadera fortaleza, salir de aquí sería prácticamente imposible para alguien que no tiene la información y los aliados que yo tengo—. Estás teniendo bastante suerte hoy.

—No lo parece. Me trajeron a la fuerza,tus hombres me golpearon y ahora me paseas como si esto fuera una visita guiada. Si esto es suerte, tienes estándares bastante curiosos.

—Lo digo en serio. Isabel no está, y créeme cuando te digo que la situación sería considerablemente más incómoda si lo estuviera.

Lo miro lo suficiente para dejar claro que no me impresiona el nombre. Se trata de Isabel Rinaldi, y Alí Mahala se encargó de mostrarme todo sobre ella antes de que todo esto sucediera.

—¿Y debería importarme tanto como para agradecerte la coincidencia?

—No es coincidencia —responde con calma—, pero tampoco es algo que necesites agradecer. Solo... apreciarlo. Isabel no es precisamente razonable cuando cree que alguien invade lo que considera suyo.

—¿Y tú entras en esa categoría o soy yo el problema?

—Ambas cosas —dice sin rodeos—, pero en este caso, tú serías el detonante. No le gusta compartir mi atención, y mucho menos con alguien que no puede controlar.

—Entonces el problema es que no soy manejable, no que esté aquí.

—Exactamente.

Sostengo su mirada un segundo más.

En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora