33. ¡Feliz cumpleaños, Bratt!

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Raisa Winslow











El ventanal ocupa toda la pared y devuelve una ciudad gris, con el cielo bajo como si fuera a aplastarla en cualquier momento. La lluvia no cae todavía, pero está acumulándose en las nubes que se arrastran sobre los edificios. Me quedo mirándolas más tiempo del necesario, con los brazos cruzados y el peso mal distribuido en el tobillo que todavía duele.

Hunter no deja de hablar.

No levanto la vista cuando empieza a desplegar cosas sobre la mesa de centro. Está en modo operativo, como si estuviera armando un argumento imposible de refutar.

—No sabemos cuánto tiempo vas a estar dentro —dice midiendo cada palabra—. Ni cuántos van a ser, ni si van a intentar moverte de ubicación.

Exhalo por la nariz, sin apartar la vista del vidrio.

—Es un riesgo que debo tomar.

Hunter no responde de inmediato pero el silencio que deja es breve, como si decidiera ignorarme a propósito.

—Rastreador de corto alcance —escucho el clic seco antes de que lo deje sobre la mesa—. Se activa con presión, y tiene una batería de doce horas, básicamente es una hermosura. Si lo llevas encima, puedo seguirte en tiempo real dentro de un radio de...

—Hunter.

—Raisa.

—No quiero echar a perder esto. —Me giro al fin, apoyando la cadera contra el borde del ventanal y lo miro. Tiene ya medio arsenal extendido frente a él, desde pequeñas piezas negras y discretas, luciendo demasiado distintas para lo que realmente son—. ¿Quieres que crean que voy a desconfiar de ellos desde el minuto uno? —pregunto—. Porque nada grita más "voy preparada" que llegar llena de juguetes.

—Quiero que salgas de ahí. ¿Qué hay de malo con eso?

—Voy a salir —respondo, encogiéndome de hombros—. La cuestión es cómo, por eso estás aquí.

Él deja escapar aire por la nariz, y toma otro de los dispositivos, esta vez más pequeño y casi invisible.

—Micrófono pasivo —dice—, no emite señal constante, solo graba. Puedes activarlo con...

—¿Y dejar que me maten si alguien llega a encontrarlo?

Brown aprieta el objeto entre los dedos un segundo antes de dejarlo de vuelta en la mesa, con mes fuerza de la necesaria.

—Te van a encerrar —dice sin adornos—. No sabes en qué condiciones y ni sabes si vas a poder comunicarte.

Lo sostengo en la mirada por unos segundos.

—Deja de preocuparte tanto, solo piensa en lo que sucedería si todo esto sale bien. Probablemente te hagan capitán y tengamos nuestra propia estatua en el comando. Sería una pendejada, pero a nadie le va mal un poco de reconocimiento.

Hunter se queda quieto un segundo, mirándome como si estuviera perdiendo la cabeza, luego suspira y deja un dispositivo en la mesa.

—Entonces nada que puedan quitarte —murmura más para sí que para mí. —Lo observo mientras recorre con la vista el arsenal que trajo, descartándolo pieza por pieza sin tocarlas, hasta que su atención se detiene en algo más pequeño y que luce casi fuera de lugar entre lo demás— Esto.

Alza ligeramente la mano para mostrármelo. Frunzo el ceño al verlo, más por la simpleza que por otra cosa.

—¿Un adorno para el pelo?

Niega con la cabeza y se acerca a mí.

—A primera vista —me lo extiende, y lo tomo entre los dedos, girándolo con cuidado—. No activa nada —continúa—. No emite señal y no depende de nadie más. Pero lo más importante es que no parece un arma.

En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora