Raisa Winslow
El zumbido constante del motor ya no me permite distinguir si es real o si lo tengo incrustado en el cráneo. Me duele la cabeza desde hace horas, siento un peso opresivo detrás de los ojos, el estómago vacío y revuelto, y cada leve turbulencia hace que todo empeore.
Patrick y Rachel charlan en voz baja. Ríen por algo que no escucho ni me interesa escuchar. Me limito a cerrar los ojos y apoyarme contra el respaldo, sin participar. No estoy de humor, no tengo energía y tampoco me interesa fingir que estoy disponible. Sé que Rachel a veces busca alguna reacción, algún gesto que le confirme que puede acercarse, pero hoy ni siquiera me molesto en fingir cortesía. Hay días en los que uno simplemente no está, y este es uno de esos.
El piloto habla por el altavoz e informa que hay fallas en la pista de aterrizaje y que tendremos que sobrevolar unos minutos más hasta que se resuelva.
Miro por la ventanilla, pero sólo veo nubes densas y el gris característico de Londres. Me arde la garganta. Trago saliva, aunque no calma nada. Cierro los ojos de nuevo, intentando no pensar en lo evidente: tengo náuseas, el pecho me duele, y si no estuviera tan ocupada en mantenerme entera, probablemente ya estaría teniendo un ataque de ansiedad.
Después de casi media hora de vueltas en círculos, la voz del piloto vuelve a sonar para anunciar que el descenso ha sido autorizado. El aterrizaje es brusco, el tren de aterrizaje golpea la pista con más fuerza de la que debería y el impacto me saca el aire. Escucho una maldición a mi derecha, pero no me molesto en mirar.
Me desabrocho el cinturón apenas el avión se detiene por completo. Me pongo de pie, sin mirar a nadie, y camino hacia la salida mientras el resto se mueve con lentitud. No me interesa la cortesía de dejar salir primero a nadie. Sólo quiero aire.
Al abrir la escotilla, la ráfaga helada del exterior me golpea la cara, pero ni siquiera eso logra despertarme del todo. Bajo por la escalerilla con la mirada fija en el suelo. Me tiemblan los dedos. Aprieto la mandíbula. Un paso, luego otro.
Y entonces lo veo.
Christopher está allí, junto a la pista. De brazos cruzados, con los puños tan tensos que los nudillos se le marcan bajo la piel. Tiene el cabello revuelto, como si hubiera pasado horas pasándose la mano por la cabeza sin saber qué hacer con toda la rabia. La expresión es clara, está furioso y me está esperando.
De solo imaginar la rabieta que habrá hecho cuando supo que fui a Moscú -a pesar de su prohibición, las amenazas, las órdenes gritadas como si alguien fuese a tomarlas en serio-, siento una arcada. Trago saliva. No tengo tiempo ni ganas para Christopher.
Pero no me lo ahorro.
Apenas pongo un pie en tierra firme, lo tengo encima.
-¡¿Qué mierda te pasa?! -me agarra del brazo con urgencia-. ¿Te volviste loca? -Lo miro sin decir nada. La gente a nuestro alrededor empieza a prestar atención-. ¿Estás enferma o solo eres tonta? -suelta sin miramientos-. ¡¿Quién te crees que eres para desobedecer una orden directa?!
Su comentario me enfurece, pero no me acobardo ni bajo la mirada. Al contrario, doy un paso adelante.
-Prohibiste como un celópata controlador, mas no como mi superior -respondo con tono seco.
-Soy tu coronel y estás bajo mi mando.
-Y yo soy sargento, no tu mascota -respondo entre dientes.
Me sacude con frustración.
-¡Antoni Mascherano estaba ahí! ¡Ese puto enfermo! ¿Te das cuenta de lo que pudo pasarte? ¡Pudo matarte!
Sus palabras no me afectan como cree. Estoy demasiado cansada para entrar en su juego.
ESTÁS LEYENDO
En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]
FanfictionLa familia Winslow ha sido una de las familias más importantes de la FEMF y Raisa Winslow es la joya de la corona. Después de que Cristopher Morgan haya vuelto de Italia, el consejo decide eliminar su paso en la FEMF y para evitarlo, Alex Morgan de...
![En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]](https://img.wattpad.com/cover/346527861-64-k156464.jpg)