Raisa Winslow
La compuerta del jet se abre y Christopher no me da tiempo a reaccionar. Me toma de la mano y me arrastra fuera del avión. La lluvia cae con fuerza, golpeando el metal y el asfalto.
Una de las empleadas nos espera al pie de las escalerillas. Sostiene un paraguas cerrado en la mano derecha y otro abierto en la izquierda, perfectamente alineada, como si la tormenta no existiera.
—Buenas noches, señor.
Christopher toma el paraguas que le ofrece, lo abre de inmediato y lo inclina sobre nosotros. El ruido de la lluvia queda amortiguado al instante. Avanzamos juntos, tomados de la mano, mientras bordeamos el jardín de la Mansión Morgan.
La lluvia no afloja; empeora. Cae en gotas gruesas y sin ritmo, como si alguien hubiera volcado el cielo de golpe. El jardín está completamente inundado y la alberca se ha desbordado por completo. El agua rebasa el borde y corre sobre las baldosas, mezclándose con la lluvia hasta que ya no se distingue qué viene de dónde. Es obvio que algún empleado olvidó cubrirla. A mi parecer es un descuido caro, considerando que en esta casa, ese tipo de errores no se repiten dos veces.
Christopher camina sin apurar el paso y me observa de reojo.
—Estás demasiado callada —dice, como si fuera una observación. —Me limito a sonreír a medias—. Con esta lluvia, si no te pegas a mí voy a parecer un imbécil cargando paraguas solo —dice—. Ven acá.
Tira de mi mano, obligándome a permanecer aún más cerca de él, tanto que deja caer su brazo sobre mis hombros.
Esta vez sí me río.
—Mejor hubieras pedido que te abrazara —alego, rodeándole la cadera con el brazo—. Así te ahorrabas el pretexto.
Christopher suelta una risa baja. No es escandalosa, pero me aturde igual. Me embriaga más de lo que debería admitir.
—No me gustan las instrucciones largas —dice, todavía con esa media risa—. Prefiero los resultados.
Su brazo se afirma más sobre mis hombros, formando un toque aún más posesivo. Caminamos así, mientras la lluvia sigue cayendo con violencia alrededor. Llegamos a la entrada principal. Me suelto, me sacudo los pies con cuidado, dejando charcos pequeños sobre la piedra pulida. Christopher cierra el paraguas y lo deja a un lado. Entramos por completo a la mansión.
Marie aparece de inmediato, como si hubiera estado esperando justo detrás de la puerta.
—Hijo —dice, avanzando a paso demasiado rápido—. Estás empapado. —Se inclina hacia él más de lo necesario—. ¿Te mojaste mucho? Voy prepararte un baño caliente ahora mismo, no quiero que enfermes por culpa de este clima.
—No es necesario.
Ella asiente, contrariada, y vuelve a mirarlo de arriba abajo, ignorándome por completo.
—Aun así, voy a mandar que preparen el agua —insiste—. No me gusta esta lluvia para ti. —La risa se me escapa antes de poder frenarla. Marie no me estaba mirando a mí cuando habló, pero no hacía falta. Esa frase no hacía referencia al clima. La nana de Christopher se detiene. Me mira por primera vez desde que entramos, con el ceño apenas fruncido, como si acabara de notar mi presencia—.
¿Dije algo gracioso? —pregunta.
Me limpio una gota de agua que todavía corre por mi cuello y niego con la cabeza.
—No, en realidad no —respondo—. Es solo que siempre me sorprende lo persistentes que son ciertos mitos en gente de tu misma clase. —Christopher no dice nada. Se limita a observar, apoyado con una mano en el respaldo de una silla—. La lluvia no enferma —continúo—. Ni el frío, ni la humedad, ni mojarse el cabello. Lo que enferma son los microorganismos: virus, bacterias, hongos. Entidades microscópicas con estructuras bastante complejas, no el agua que cae del cielo.
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En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]
FanficLa familia Winslow ha sido una de las familias más importantes de la FEMF y Raisa Winslow es la joya de la corona. Después de que Cristopher Morgan haya vuelto de Italia, el consejo decide eliminar su paso en la FEMF y para evitarlo, Alex Morgan de...
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