Raisa Winslow
El calor abandonando la habitación se siente sofocante, como si el aire se hubiera ido detrás de él. No tengo idea de la hora, pero seguramente falta poco para que la alarma empiece a joder. Me reincorporo de golpe y abro los ojos cuando escucho la respiración de alguien más a mi lado.
—¿Qué coño haces aquí? —Tiro de su brazo, pero no sirve de nada. Vuelve a ponerlo en mi cintura y me hala hacia él como si fuera lo más normal del mundo—. ¡Déjame!
—Nena… —entierra la cara en mi cuello, la voz pastosa, pesada—. Quiero dormir.
—Y yo quiero que te vayas.
Después de la cena, cuando los padres de Hunter se marcharon, subí a mi habitación y podría jurar que le puse llave a la puerta. Obviamente no planeaba dormir con Christopher. Pero claro… se me olvida con quién estoy tratando. Christopher Morgan, el mismo estúpido que cree que puede tenerme cuando se le pega la gana.
No recibo ni una respuesta. Nada. Solo su respiración, tranquila, como si aquí no pasara absolutamente nada.
Intento apartarlo de nuevo, esta vez con más fuerza, girando el torso para zafarme, pero Christopher apenas se mueve. Su brazo fácil, tres veces el mío.
—Christopher, quítate —gruño, empujo su pecho con la mano libre.
No sirve de nada. Ni siquiera se inmuta.
Muevo las piernas, intento rodarlo hacia el borde de la cama,
pero su agarre se hace más firme. Me aplasta contra él como si fuera un puto costal. Respiro hondo, frustrada, lista para insistir, cuando él exhala con un suspiro cansado, casi molesto, y en un solo movimiento gira.
Y me deja debajo de él.
El colchón cruje y yo también. Christopher toma mis muñecas con una facilidad que me irrita, las aprieta contra el colchón por encima de mi cabeza, dejándome inmóvil. Su cuerpo cubre el mío, es enorme, caliente y jodidamente sexy. Siento su respiración en mi clavícula, pesada, como si acabara de correr.
—Nena… —la palabra cae lenta, jodiéndome el sistema nervioso—. Deja de pelear.
Levanto la vista. Él me está mirando desde arriba, con esos ojos grises que siempre parecen observarme hasta el alma, mi pulso, mi resistencia, mis ganas de mandarlo a la mierda. Pero mis ojos hacen lo que les da la gana. Me doy la libertad de Recorrerlo. Mi vista se desliza por sus hombros anchos, la línea marcada de su pecho, la tensión de sus brazos sujetándome y la tinta de sus tatuajes. Trago saliva y me relamo los labios sin querer, como un reflejo ridículo que me traiciona.
Christopher lo nota y su boca se curvea.
No pienso ceder ni un centímetro, aunque esté atrapada bajo su cuerpo como una idiota.
—No te confundas —susurro, tensando las muñecas bajo su agarre—. Que te mire no significa que te quiera encima.
—Claro, nena. Lo que tú digas.
Vuelve a inclinarse y esta vez no hay suavidad ni tanteo. Me besa con fuerza, con la arrogancia que usa cuando pretende quebrarme la voluntad a base de su estúpida insistencia. Su boca se cierra sobre la mía como si estuviera reclamando territorio. Aumenta la presión e intenta abrir mis labios y busca una respuesta que simplemente no pienso darle.
Su peso me mantiene atrapada, sus manos siguen fijas en mis muñecas, y aun así mi cuerpo se mantiene inerte bajo el suyo, negándose a cederle un solo movimiento.
Él lo siente cada segundo que pasa sin que yo lo bese de vuelta. Y mientras más insiste, más evidente se vuelve mi indiferencia.
Finalmente se separa con un gruñido, y afloja su agarre. Se aparta a un lado de la cama, pasando una mano por su rostro. Yo aprovecho para incorporarme sin ninguna prisa.
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En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]
FanfictionLa familia Winslow ha sido una de las familias más importantes de la FEMF y Raisa Winslow es la joya de la corona. Después de que Cristopher Morgan haya vuelto de Italia, el consejo decide eliminar su paso en la FEMF y para evitarlo, Alex Morgan de...
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