4. La cena

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Parte 1: Raisa Winslow

El frío de Londres es abrazador, la lluvia salpica todo a su paso y subo el cierre de la chaqueta blanca que me puse esta mañana, los zapatillas que antes eran blancas tienen lodo pegado a la suela y el viento hace mierda el peinado qué con tanto esfuerzo realicé. No puedo creer que llegaré con más de diez minutos de retraso y todo es culpa de Christopher Morgan. El imbécil no llegó a dormir, seguramente se amaneció en un hotel después de follarse alguna mujer, tampoco es que me importe pero justo hoy que es mi primer día en el hospital y él se ofreció a llevarme hasta ahí.

Imbécil.

A lo lejos veo el auto de Roman, levanto la mano derecha para que pueda verme.

—Gracias, te debo una —me subo al auto y le doy un beso en la mejilla a modo de saludo.

—No hay problema, para eso estamos los hermanos mayores —sonríe— ¿Y tu auto?

—Pronto lo traerán.

—Espero que no tarden porque no pienso ser tu chófer siempre —me mira sonriente y golpeo su hombro.

—¡Cuida tus movimientos porque acabas de golpear a tu capitán!

—¿Qué?

—Ayer te asignaron a la tropa de otro capitán, cuando me dijo le cobré un par de favores y ahora estarás en mi tropa, así que te recomiendo que te prepares porque yo estoy a cargo.

—¡Sabía que no puedes vivir sin tu hermana! —me devuelve la sonrisa.

—Mentirosa. Pero hablando en serio, tienes un compromiso enorme con el ministro, con tu coronel y conmigo, no sé como lo hagas pero tu rendimiento debe ser igual o mayor que el resto.

—¿Alguna vez he fallado? —pregunto y niega—. No te preocupes, el hospital me ha pedido cubrir solo las horas mínimas,  así que el resto del día estaré en el comando. Además, solo debo presentarme por las tardes, así que durante las mañanas estaré en la central.

—Eso espero, sabes que Londres tiene los estándares altos con cada uno de sus soldados, así que tú esfuerzo debe ser notorio.

No respondo.

Al cabo de unos veinte minutos llegamos al hospital militar,  a primera vista no es tanto de mi agrado. El de Rusia en mil veces mejor.

—Bueno, supongo que te veré después.

—Gracias.

—Salva muchas vidas.

—Ajá.

Bajo del automóvil con el bolso en la mano y cuando Roman se va me acerco a la entrada del hospital. No es tan malo, hay un par de edificios enormes y cada uno de ellos pertenece a una especie distinta, un punto a su favor es que tienen mejor sistema de seguridad que en Rusia, eso es claro. El estacionamiento está prácticamente vacío,  veo un grupo de médicos salir por una de las puertas de cristal, son dos hombres y una mujer. Me dirijo hasta ahí para hablar con los guardias que resguardan la puerta por donde ellos acaban de salir.

—Buenos días, soy la doctora  Raisa Winslow y... —No termino porque escucho un jadeo detrás de mí, me giro para encontrarme con los mismos médicos que salieron hace un par de segundos. Los tres me observan expectantes y sin emitir palabra— ¿Se les perdió algo?

—Lo lamento doctora,  somos internos de este hospital. Me presento, soy Rafael Martínez —Se limpia el sudor de las manos en la camisa y me ofrece la mano. No me muevo, solo lo observo y cuando entiende que no le voy a dar la mano retira la suya.

En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora