Raisa Winslow
El calor de la habitación es sofocante, pegajoso y molesto. Pero mi cuerpo no responde como debería.
Me levanto, cierro la puerta y pongo el seguro. Abro el cajón del baño y encuentro el vibrador donde lo dejé; hace semanas que lo compré y no había tenido tiempo para usarlo.
Vuelvo a la cama, me quito la pijama sin pensar demasiado y la dejo caer en el piso. Abro las piernas y paso mis dedos entre ellas. Siento la humedad espesa, caliente, atrapada entre los pliegues de mi coño. Rozo el clítoris apenas y un gemido me rompe la garganta.
Estoy más excitada de lo que creía.
Aprieto el clítoris entre dos dedos y lo froto, lento y luego más fuerte. Mis caderas responden solas, se levantan buscando más. Enciendo el vibrador y lo paso por mi vientre, bajando con calma, saboreando la anticipación. Deslizo la punta por mi pubis y mi piel se eriza.
Cuando lo apoyo directamente en el clítoris, la vibración me destroza. La espalda se me arquea, las piernas se me abren aún más y, con mi mano libre, me estimulo los pezones. La combinación es deliciosa, pero necesito mucho más. Cambio el vibrador de mano, presiono su punta en mi entrada y mis caderas reaccionan por inercia.
Introduzco los primeros centímetros en mi canal. El grosor del artefacto y la potencia de las vibraciones me hacen lloriquear. Me doy la libertad de gemir sin remordimientos, aun sabiendo que Hunter duerme en la habitación de al lado.
Mentiría si dijera que no consideré la idea de pedirle ayuda.
Empujo el vibrador hasta el fondo y, con la otra mano, le doy atención a mi clítoris. No pierdo de vista mi reflejo en el espejo: gimiendo y rogando por placer. Cambio de posición cada que lo requiero, aumento la potencia de las vibraciones desde mi móvil y me masajeo las tetas a cada nada. No soy consciente del tiempo que paso masturbándome, solo me enfoco en la violencia que mis caderas ejercen contra el vibrador.
—¡Dios!
Aumento la velocidad de las estocadas y, poco a poco, siento el orgasmo que se instala en mi coño. Mi vagina se contrae y la vista se me nubla. Echo la cabeza hacia atrás y mi cuerpo sufre espasmos violentos. Los gemidos llenan la habitación y me mantengo en la misma posición, disfrutando el orgasmo matutino que merma un poco mi calentura.
El orgasmo tarda en soltarse de mi cuerpo. Mis piernas tiemblan todavía cuando retiro el vibrador y lo dejo a un lado. Respiro hondo varias veces, intentando que el pulso vuelva a sentirse normal.
La tensión no se fue por completo.
La alarma suena, me incorporo con molestia, con el cuerpo aún sensible y lento. Camino hacia el baño y abro la ducha. El agua helada cae sobre mí. La temperatura hace que apriete los dientes, pero no cierro la llave. La necesito para apagar lo que siento, pero ocurre justo lo contrario.
Sigo caliente.
Sé exactamente cuál es el problema y sé perfectamente cuál sería la solución más rápida: Sexo.
Christopher no es opción. No después de todo lo que ha pasado, seria como premiarlo con mi necesidad. No significa lo suficiente para merecerlo, porque la idea de su satisfacción me revuelve el estómago.
Aun así, mi cuerpo insiste. Y tengo que admitirlo, si paso suficiente tiempo así, sin alguien que me ayude, probablemente termine acostándome con el coronel.
Cierro la ducha y me seco sin mirarme demasiado en el espejo. No me hace falta verme para saber cómo estoy. Me visto rápido y salgo de mi habitación.
Bajo a la cocina. El olor a humedad del pasillo me recuerda la lluvia que sigue afuera. Prendo la cafetera y apoyo las manos en la barra mientras espero. El ruido de la puerta principal me obliga a enderezarme.
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En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]
FanfictionLa familia Winslow ha sido una de las familias más importantes de la FEMF y Raisa Winslow es la joya de la corona. Después de que Cristopher Morgan haya vuelto de Italia, el consejo decide eliminar su paso en la FEMF y para evitarlo, Alex Morgan de...
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