Artemisa.
Intento levantarme del duro pecho del desquiciado que no me ha soltado en ningún momento, pero su agarre en mi cintura se afianza impidiendo que logre mi cometido, estoy dispuesta a reclamarle cuando escucho un grito que me hace levantar la cabeza abruptamente.
Asher: ¡Pitufa!— buscó de dónde proviene la voz y cuando logro enfocar mi vista; a la distancia, diviso como seis siluetas vienen corriendo en nuestra dirección de forma desesperada— joder...— Antes de que pueda procesarlo estoy siendo levantada del duro pecho del desquiciado, suelto un pequeño jadeo de sorpresa cuando mi cuerpo es elevado a una altura que, a mi parecer, es alarmante— maldita sea, ¿Estas bien?, ¿Te duele algo?— abro mi boca intentando responder a sus preguntas, pero el no me lo permite— ¿Te llevo a un hospital?
Soy apartada de sus brazos, cierro fuertemente los ojos cuando un pequeño mareo me azota debido al repentino movimiento, siento diversas manos por todo mi cuerpo, mis oídos logran captar las voces mezcladas de cada uno de ellos al soltar preguntas sin parar.
Joder.
Desquiciado: Yo estoy bien, no tienen que preocuparse tanto por mi.
Suelta irónico; las manos sobre mi cuerpo se detienen por breves segundos. Los chicos fulminan con la mirada al desconocido que, no sé en qué momento, se levantó del suelo.
Abel: Cállate...— lo fulmina con la mirada antes de volver su atención a mi, acaricia mis mejillas, mejillas que adquieren un furioso tono rojizo cuando se inclina hasta mi altura para dejar un beso húmedo en mis labios, mi respiración se agita cuando lo siento morder mi labio inferior con fuerza— estaba preocupado por ti.
Me aparto de su agarre cuando suelta mi labio inferior, me alejo lo suficiente como para que sus fragancias no nublen mi juicio.
Artemisa: ¿Dónde estuvieron durante toda esta semana?
Me cruzo de brazos y arqueó una de mis cejas importándome poco lo muy tóxica que sonó mi pregunta. Detalló cada uno de sus gestos y como sus expresiones corporales cambian mientras espero una respuesta; no me importa que estemos rodeados de cadáveres y escombros, tampoco que detrás de nosotros se esté reduciendo a cenizas la comisaría del pueblo.
Quiero respuestas.
Eliam: Rubia...
Levantó una de mis manos cuando escuchó el tono de su voz, ese que me indica que, por más que pregunte, no obtendré respuestas.
Artemisa: ¿Saben que?— suspiró resignada, veo el pánico en sus ojos pero ya es tarde, estoy cansada para esto— no me digan nada— suspiro antes de dejar de verlos, volteo topándome con el desquiciado observando la escena con atención y no se porque, pero terminó soltando— ¿Podrías llevarme a la universidad?
Lo miro mal cuando veo que intenta ocultar una sonrisa divertida, empiezo a caminar hacia donde se encuentran un grupo de hombres vestidos de negro. Escuchó cómo alguien ríe a mis espaldas y, antes de que me aleje lo suficiente logró captar algo que me roba una pequeña sonrisa.
Desquiciado: ¡Ay, mi mujer me gobierna, esa vaina me gusta!
Uno de los hombres vestidos de negro me abre la puerta de la enorme camioneta. Me planteo la idea de irme caminando cuando veo lo alto que es el vehículo.
Suelto un suspiro silencioso, preparándome para subirme. Sin pensarlo mucho, busco un lugar donde apoyarme y, con algo de esfuerzo, logró entrar en uno de los asientos traseros. No me atrevo a mirar en dirección a los chicos porque sé con certeza que ya se encuentran mirándome. Escucho el sonido de una de las puertas siendo abiertas antes de ver cómo el desquiciado se acomoda en el asiento del piloto. Con mis mejillas enrojecidas en demencia, lo enfrento cuando voltea en mi dirección.
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Alas De Seducción [+21]
Roman d'amour"No caigas bajo las alas de seducción de los ángeles de la muerte", se murmuraba por las frías calles de un pequeño pueblo en Rusia. "No te acerques a los ángeles de la muerte, no si quieres seguir respirando", susurros, tras susurros, todos llenos...
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