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"Uno, dos, tres" "Uno, dos, tres"

Los aplausos resonaban con fuerza mientras las palmas chocaban, en medio de uno de los tantos juegos que Mikazuki y Suguru disfrutaban.

Las risas alegres y juveniles se intensificaban a medida que aumentaban la velocidad con la que movían sus manos.

Hasta que Suguru se equivocó, su mano desviándose hacia otro lugar. —"¡Ajá! Volviste a perder"— se burló la chica, lo que provocó un suspiro de molestia en el chico.

El azabache observó las cartas, enfrentándose a la decisión entre verdad o reto. Después de haber estado jugando por un rato, las opciones se habían agotado.

Su mano flotaba sobre las cartas, pensando cuidadosamente cuál elegir.
El joven finalmente tomó una carta y la elevó para leer su contenido. —"Una verdad, ¿eh? ¿Qué dice?"— preguntó la castaña emocionada, balanceándose de adelante hacia atrás en su asiento.

Suguru volvió a leer la pregunta en su mente, sus ojos encontrándose con los de ella una vez que terminó de leer. —"¿Con quién quieres pasar tu 'para siempre'?"— recitó con voz suave.

Mikazuki lo observó con ojos curiosos, ladeando la cabeza mientras esperaba su respuesta. Al ver a Suguru sumido en profundos pensamientos, apoyando su mentón en su mano, decidió preguntar. —"¿Quién?"— inquirió con interés.

Las mejillas del chico tomaron un color sonrosado y soltó una risa nerviosa. —"Por supuesto que contigo, ¿quién más?"— respondió con sinceridad y una sonrisa tímida.

—"¿'Para siempre' no es mucho?"— replicó ella casi de inmediato, sintiendo una ola de inseguridad invadir su ser de manera repentina.

Suguru parpadeó con confusión al notar la inseguridad en los ojos de Mikazuki. Colocó su mano sobre la suya, acariciando su dorso con el pulgar.

Le sonrió con los ojos cerrados, y Mikazuki podría jurar que cuando sonreía de esa manera, parecía un felino encantador.

 "¿No sería aún mejor?"

Mikazuki sintió que algo limpiaba su rostro y alzó la mirada para encontrarse con un par de ojos café.

La expresión de preocupación en el rostro de Suguru no pasó desapercibida para ella, sintiendo el tacto cálido del chico que contrastaba con su piel fría.

—"¿Por qué estás llorando?"— preguntó con delicadeza, limpiando otra lágrima que se escapaba por la mejilla de Mikazuki.

La castaña elevó su propia mano para sentir la humedad en su mejilla. Rápidamente aseguró a Suguru que estaba bien, mientras la mano del chico se movía para tomar la suya, entrelazando sus dedos en un gesto de consuelo.

—"Solo recordé algo"— aseguró ella antes de observar a su alrededor, notando que se encontraban en una pista de hielo.

En medio de la pista de hielo, Satoru enseñaba al pequeño Megumi a patinar, mientras Shoko y Haibara se deslizaban juntos en perfecta armonía, mostrándole a las gemelas cómo patinar en pareja.

Mientras tanto, Nanami cuidaba con dedicación a la mayor de los niños, extendiéndole la mano a Tsumiki de vez en cuando por si necesitaba apoyo.

Suguru rió ante la vista, comentando que parecía que todos se estaban divirtiendo, incluso Nanami, quien era el más preocupado por la seguridad de los niños.
 
La sonrisa de Suguru creció aún más al observar cómo Satoru hacía girar en círculos al pobre Megumi, riendo a carcajadas ante los intentos del niño por liberarse de él.

URÓBORO || Geto SuguruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora