El suave murmullo de las hojas bailando al viento junto con el ocasional roce de una rama contra la ventana despertó a Mikazuki. La joven abrió los ojos lentamente y se incorporó, notando que estaba recostada sobre el escritorio.
Mikazuki se frotó los ojos, tratando de despejar la visión borrosa que la había invadido al despertar. Al mirar hacia la ventana, distinguió una figura apoyada en ella. Poco a poco, sus ojos se adaptaron al entorno y se percató de que se encontraba en su viejo salón de clases.
La figura junto a la ventana no apartaba la mirada de la chica, atenta a cada uno de sus movimientos. Permaneció en silencio, observando cómo la joven poco a poco tomaba conciencia de su entorno y de la situación en la que se encontraba.
Mikazuki observó a su alrededor, reconociendo su antiguo salón de clases. Los pupitres dispuestos en fila, los dibujos de Gojo en el pizarrón... era como si hubiera retrocedido en el tiempo y se encontrara nuevamente en el pasado.
Abrió los ojos ligeramente al darse cuenta de quién era la figura junto a la ventana. La expresión serena de Suguru, con los brazos cruzados y apoyado en el marco, mientras observaba por la ventana.
Los ojos de Mikazuki se encontraron con los de Suguru, sumiendo la habitación en un silencio que solo era interrumpido por el suave susurro de las hojas y ramas moviéndose afuera. Una sutil sonrisa casi imperceptible se dibujó en el rostro del chico.
—"Mikazuki, cuánto tiempo"— Finalmente habló, con esa voz gentil y calmada que tanto lo caracterizaba.
Mikazuki lo observaba de pies a cabeza, incrédula de tenerlo justo frente a ella. Su garganta se sentía seca, y tragó saliva para aliviar esa sensación de ardor. Estaba en estado de shock, sin poder creer lo que veía ante sus propios ojos.
Los pasos de Suguru resonaron en el salón mientras se detenía a unos metros de Mikazuki, manteniendo los brazos cruzados sobre su pecho. —"No te veas tan sorprendida"— dijo con diversión en su voz.
El sol iluminaba el rostro de Suguru con gracia, resaltando su belleza mientras ambos se miraban en silencio por un largo tiempo. Los ojos de Mikazuki recorrían cada detalle de él, y se dio cuenta de que esto no era un sueño, sino la impactante realidad frente a ella.
—"¿Cuál versión tuya es esta?”— preguntó Mikazuki con voz temblorosa. La expresión de Suguru se suavizó.
—"¿Realmente importa qué versión sea?"— comentó mientras tomaba asiento junto a ella —"Sigo siendo la misma persona que conoces"—
Aunque la castaña hubiera conocido otras versiones de Suguru que habían vivido diferentes experiencias y actuado de manera distinta en ciertas circunstancias, en el fondo, la verdadera naturaleza de él permanecía inalterada. La esencia de su ser seguía intacta, más allá de las variaciones que pudiera haber experimentado.
Independientemente de la versión de Suguru que se encontrara frente a ella, llevaba consigo las mismas memorias y sentimientos que los demás. No había duda de que seguía siendo Suguru Geto en su esencia más profunda.
El silencio entre ellos se prolongó más de lo esperado, con ambos mirándose fijamente como si se tratara de un reencuentro después de siglos. Suguru lucía impecable en su versión más joven y saludable.
"¿Estoy muerta?”
La mirada de Suguru se desvió al suelo, evitando encontrarse con la mirada de la joven. Sabía que la pregunta era inevitable, que tarde o temprano surgiría al despertar en ese plano. Tras un suspiro, levantó la mirada hacia ella. —“Sí, estás muerta”— admitió con resignación.
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URÓBORO || Geto Suguru
Fiksi PenggemarSolo existía una persona capaz de viajar entre universos y realidades: Hebihada Mikazuki, una Chamana de grado especial. Su único objetivo era salvar a Suguru Geto del camino que había tomado. Se le había concedido una última oportunidad, ¿Será capa...
