Solo existía una persona capaz de viajar entre universos y realidades: Hebihada Mikazuki, una Chamana de grado especial. Su único objetivo era salvar a Suguru Geto del camino que había tomado. Se le había concedido una última oportunidad, ¿Será capa...
-"Oye, Suguru"- susurró una voz serena mientras observaba a su alrededor.
Mikazuki se encontraba sentada en el suelo, con las piernas extendidas y su espalda apoyada en la pared. El paisaje que la rodeaba era desolador, con estructuras destrozadas y escombros esparcidos por todas partes. La escena era el resultado de una feroz pelea que había tenido lugar apenas unos momentos antes.
-"¿Crees que en el próximo universo... lograremos estar juntos?"- preguntó con voz llena de esperanza. El eco de sus palabras se desvaneció en el aire, dejando un silencio sepulcral en su estela. Lentamente, desvió su mirada hacia la persona mencionada, encontrándola a su lado, con la cabeza inclinada y el cuerpo inmóvil.
El peso de la realidad golpeó su corazón, mientras se daba cuenta de que no había respuesta, solo un vacío silencio que llenaba el espacio entre ellos.
Mikazuki deslizó con suavidad sus dedos por debajo del mentón del azabache, elevándolo con delicadeza. Por un breve momento, la cabeza se sostuvo en alto antes de volver a caer. La castaña dejó escapar un suspiro resignado ante la devastadora escena.
Suguru estaba muerto.
Gojo había rematado a Geto después de que quedara malherido tras su pelea con Okkotsu. Mikazuki, sin poderes para enfrentarse a Gojo, se quedó observando impotente cómo le arrebataron la vida una vez más. ¿Cuántas veces se había repetido esa tragedia?
La castaña contempló el estado en el que había quedado Geto: sin su brazo izquierdo, con un profundo corte en la garganta, el cabello revuelto y sus prendas de budista desgarradas. Mikazuki se puso de pie lentamente y acercó sus manos al rostro de Suguru, cerrando sus ojos que ahora carecían de brillo. Con ternura, depositó un suave beso en su frente y dejó que sus frentes se tocaran.
-"En el próximo... en el próximo te salvaré, te lo prometo"-
Mikazuki apoyó su frente en la de Suguru durante unos segundos más, buscando un último momento de conexión antes de separarse. Luego, desenrolló una espada de los labios de la maldición de gusano que envolvía su cuerpo. Con un movimiento certero, decapitó al azabache, dejando que su cabeza cayera al suelo y rodara como un balón de fútbol hasta detenerse a los pies de Mikazuki.
Mikazuki tomó con delicadeza la cabeza de Suguru en sus manos, decidida a alejarse de aquel lugar. Si no podía salvar a Suguru de la muerte, al menos se aseguraría de que aquel hechicero milenario no poseyera su cuerpo y vagara sin control. Con pasos lentos y cargando la cabeza de su amado en sus brazos, la castaña se alejó, disculpándose una y otra vez por seguir fallando en su misión de rescatarlo, sintiéndose completamente impotente e inútil.
-"En el próximo, Suguru... En el próximo, te lo prometo... te salvaré"-dijo Mikazuki con la voz entrecortada, luchando por contener los sollozos que amenazaban con escapar.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.