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No estaba perdida, estaba enfermita u_u

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Sirius sonrió de oreja a oreja al mirar los ojos grises de su hermano. Con entusiasmo, lo envolvió en un fuerte abrazo y lo levantó del suelo, girando un par de veces con él, claramente con la intención de avergonzarlo.

—¡Basta, Sirius! —protestó su hermano, mientras sus mejillas pálidas se teñían de un rojo intenso por la vergüenza. Sin embargo, la sonrisa que le ofreció segundos después reflejaba una genuina alegría—. Me avergüenzas.

—Es mi deber como hermano mayor —respondió el auror con una sonrisa burlona.

En ese momento, Kreacher apareció. El viejo elfo observó al menor de los Black con sus grandes ojos que parecían llenarse de lágrimas. Sirius era consciente del profundo amor, la fidelidad y, quién sabe qué otras emociones, que el elfo sentía por su hermano.

—Kreacher —Regulus sonrió de oreja a oreja al verlo. Se agachó automáticamente a la altura del elfo y extendió su mano, dándole un par de palmadas en la cabeza—. Es bueno volver a verte, amigo. Te he traído muchos obsequios.

El elfo sonrió al escucharlo, asintió con entusiasmo y levantó sin esfuerzo las dos valijas llenas de ropa de su amo. —Gracias, amo Regulus. Kreacher lo aprecia mucho.

Regulus le guiñó un ojo al elfo antes de verlo desaparecer. Luego, su mirada se enfocó en el rostro de Remus. A pesar de los años, el hombre seguía siendo algo tímido con él. Regulus no entendía cómo Lupin podía ser tan reservado cuando estaba casado con alguien tan extrovertido como su hermano. —Es bueno verte, Remus —lo saludó mientras extendía su brazo.

Regulus devolvió el saludo con un ligero apretón. —Espero que mi hermano no te haya causado problemas. —Le dijo con una sonrisa en el rostro.

Remus fingió una mueca de cansancio. —Está difícil de controlar, pero soy especialista en fieras.

—¡Remus! —El auror de cabello largo cruzó los brazos, claramente molesto por el comentario—. Deja de decir idioteces sobre mí.

—Solo digo la verdad, mi amor —se burló Remus, con sus ojos color miel brillando con diversión. Luego suspiró y añadió—: Pasemos al salón. ¿Quieres té? ¿O prefieres descansar primero?

—¿Por qué no vino tu marido, Regulus? —preguntó Sirius con interés mientras los seguía hasta un pequeño salón de la casa—. Pensé que también vendría de vacaciones contigo.

—Son vacaciones —Regulus tomó asiento en un cómodo sillón, cruzó las piernas y cerró los ojos—. También necesitaba un descanso de él.

Sirius rodó los ojos al escucharlo. —Harold me parece un buen hombre.

—Lo es, pero me gustaría algo de paz para mí solo. ¿Es mucho pedir?

—Te envidio, Reg. También quisiera unas vacaciones de mi marido —bromeó el licántropo.

—Maldita sea, Lunatico, ¡deja de burlarte de mí!

Regulus soltó una pequeña carcajada. Sí, había extrañado lo ruidoso que solía ser su hermano. Entonces recordó que debía pasar por el retrato de su madre para saludarla. Le sorprendió no haberla escuchado gritar aún, pero seguramente Sirius había hecho algo para evitarlo.

Kreacher apareció con una bandeja. Había té y galletas, las favoritas de Regulus, para ser más precisos, galletas de chocolate.

—¿Por qué no pides un traslado en el trabajo? No me gusta que mi hermano favorito esté tan lejos de mí. —Bufo Sirius, su hermano era la única familia que le quedaba algunas veces deseaba tenerlo a solo metros de él para asegurarse que estaba bien.

InesperadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora