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Buenas noches, como estamos? Bien? Que gueno.

COMENTA O TE LLEVAS TU PUÑALADA.

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Eileen se sorprendió al recibir una carta de Regulus citándola para verse después de tanto tiempo. Si bien, una vez terminaron Hogwarts continuaron siendo amigos, el hecho de que ella se casara con un muggle no fue bien recibido por su mejor amigo. Bueno, aunque era fácil entender su desagrado después de aquella mala experiencia con la sangre sucia. Ambos se habían distanciado desde entonces. Se habían enviado una que otra carta, pero la comunicación no era tan fluida como a Eileen le hubiera gustado.

Se apareció en Hogsmeade, a las afueras de la tienda de té favorita de Regulus. La dueña, una mujer asiática, ofrecía bebidas bastante exóticas. Hacía algo de frío, así que una bebida caliente le caería bastante bien. Una vez entró, la mujer de cabello negro y largo le sonrió; Eileen se había convertido en una cliente habitual del lugar desde que Regulus se fue. La dueña la guio hasta un pequeño salón privado en el que había una mesa baja y dos cojines para sentarse. Regulus ya estaba allí, sentado sobre uno de ellos, evidentemente esperándola.

Eileen entró al lugar y la mujer corrió la puerta, dejándolos a solas. Tomó asiento y lo observó directamente a los ojos. A pesar del tiempo, Regulus seguía viéndose igual. Eileen le sonrió suavemente, con evidente alegría en sus ojos.

—Es bueno volver a verte.

El hombre de cabello negro y ojos grises la miró de igual forma. —Lo mismo digo, idiota.

Eileen soltó una pequeña carcajada al escucharlo. —Que seas más alto no significa que olvide que sigues siendo un enano, Regulus —se burló la pelinegra mientras estiraba su brazo sobre la mesa y le daba un apretón de manos a su amigo—. ¿Qué tal has estado? Espero que me hayas traído algo. ¿Dónde está tu guapo esposo? —preguntó con curiosidad.

Regulus rodó los ojos, pero sonrió nuevamente. —He estado bien, Eileen. Yo... soy feliz, —aseguró a su amiga—. Harold está bien, con mucho trabajo—Sus mejillas se enrojecieron ligeramente antes de agregar—Hemos pensado en tener un bebé.

Eileen soltó un pequeño grito emocionado. —¿¡Seré tía!? No puedo creerlo.

Regulus soltó una carcajada y asintió con una sonrisa. —Aún no, pero tal vez dentro de unos meses lo serás, —aseguró con un brillo de emoción en los ojos—¿Y tú? Por favor, dime que no te has reproducido con el muggle, —bromeó con una mueca.

Eileen rodó los ojos y suspiró. —No quiero tener hijos, —le recordó—. Y Tobías tampoco. Él parece bastante contento siendo la figura paterna de Severus.

El joven Black puso una mueca de desagrado. —¿Dejaste que tu hermano se relacionara con el muggle? ¿Estás loca, Eileen?

—Tobías no es un monstruo, Reg, —susurró, algo molesta, mientras respiraba profundamente—. A veces está a punto de volverme loca, pero lo amo. He sido feliz a su lado y quiero que respetes eso.

El hombre rodó sus ojos grises, pero finalmente asintió. La mujer asiática regresó con una bandeja que contenía aperitivos, una tetera y dos tazas de té. No dijo nada, solo dejó todo sobre la pequeña mesa y volvió a retirarse en silencio. —¿Cuándo llegaste? —preguntó Eileen mientras servía una taza de té a Regulus y luego otra para ella.

—Ayer por la mañana, pero, como buen hermano, le dediqué el día a Sirius y me puse al corriente con algunas cosas... —susurró, tanteando el tema antes de continuar—. Me enteré de lo de tu hermano.

InesperadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora