Campeonato de Quidditch
(3/3)
Todo era muy confuso; no podía ver bien y tenía ganas de vomitar.
Cuando pudo concentrarse en algo, escuchó las palabras de su tío.
—Muy bien, Amelie —Lucius habló imponente y serio—. Eres una digna Lestrange —dijo con una sonrisa de satisfacción.
A Amelie le dieron asco esas palabras; en ese momento no quería estar ahí, tenía miedo, pero, más que todo, estaba furiosa consigo misma por no poder detener esto, por ser un peón en este juego.
—¡AMELIE, QUÉ HACES AQUÍ? ¡VÁMONOS! —escuchó el grito de su primo rubio desde lejos.
Miró a su alrededor y no encontró a sus tíos; solo podía ver a la gente correr por todos lados. Algunas carpas estaban siendo quemadas, y los gritos eran lo peor de todo. Había barro; su traje estaba sucio, pero eso era lo que menos le importaba. Solo quería salir de allí.
Lo siguió de a poco, chocó con muchas personas en su intento de escapar y cayó al suelo, pero el pensamiento de estar a salvo la hizo correr más rápido. Su respiración era agitada y, cuando llegó al lado de Draco, solo se sostuvo de su brazo para poder seguir corriendo.
El olor a humo la mareaba y los gritos se volvían cada vez más distorsionados. No supo cómo, pero se desmayó; el frío del suelo hizo que un escalofrío recorriera su espalda.
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Los ruidos de hojas secas pisadas la despertaron.
Cuando pudo vislumbrar bien el lugar, vio que también había alguien allí.
Una cabellera roja hacía sintonía con lo verde del bosque, aunque no se podía ver nada por la oscuridad de la noche.
Era Fred.
—Fred... —apenas salió un murmullo de sus labios—. ¿Qué haces aquí?
Él la miró serio; no era la misma mirada tranquilizadora de siempre.
—Lo vi todo, Amelie —dijo desgarradoramente—. Tú... lanzaste el hechizo. —La miró con rabia—. Eres una de ellos.
La Lestrange apenas podía procesar sus palabras. No le podía estar pasando a ella. Él no debería saberlo; podría ponerlo en peligro.
—Y-y-yo... —su voz salió quebrada—. Déjame, por favor, explicarte —imploró.
—No hay nada que explicar. —Fred no la miraba; veía detrás de ella, como si no quisiera ver en lo que ella se había convertido—. Amelie Lestrange, yo no puedo seguir así... Terminamos.
Sintió cómo su mundo se derrumbaba. La única persona que la quería y que no era de su familia se estaba alejando. No podía ir en contra de su voluntad, pero no se rendiría tan fácilmente. Todo daba vueltas a su alrededor.
—No era mi intención... —Algunas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos verdes—. Yo... no tenía opción. Déjame explicarte... Por favor. —Su voz era entrecortada.
—Siempre hay más de una opción, Lestrange —afirmó mientras se sobaba el puente de la nariz—, y tú ya escogiste la tuya.
Se miraron a los ojos. Los de él expresaban furia, miedo y tristeza, mientras que en los de ella el brillo característico de su verde se había apagado.
El pelirrojo se llevó la mano al cuello, donde guardaba el collar que ella le había regalado. Lo arrancó y lo arrojó al suelo. Amelie vio cómo caía y se partía al hacer contacto con una roca.
Fred no pareció notarlo, o quizá simplemente decidió no demostrarlo. Sin decir más, se marchó.
Amelie se quedó allí, sentada en el suelo frío, con lágrimas resbalando por su rostro.
No pasaron más de veinte minutos cuando otras pisadas se hicieron presentes. Nerviosa, sacó su varita en señal de defensa.
—Ey, tranquila —escuchó decir—, solo soy yo.
Al oír esto, apareció Alexander detrás de ella.
—¿Estás bien? —preguntó él—. ¿Por qué estás aquí?
Amelie lo miró y solo pudo llorar; más lágrimas salían de sus ojos, y parecía que jamás se detendrían.
—Tranquila. —Sintió el abrazo de su amigo—. Puedes decirme qué pasó. Te escucharé.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó ella—. Deberías estar con tu familia, a salvo.
Él la miró.
—Tu primo está preocupado —dijo Alexander—. Me pidió que lo ayudara a buscarte. Después de que llegaste con él, te desmayaste, así que te llevó a una carpa, pero cuando volvió, ya no estabas. Pensó que tal vez te habías ido rodando, ya que el lugar tenía una colina. Te buscó, pero no te encontró.
Eso lo explicaba todo. Tal vez había rodado hasta aquí y por eso sentía los golpes provocados por la caída. Y Fred... Fred seguramente pasaba por ahí y decidió esperar a que despertara solo para romper con ella. Bonita forma de hacerlo.
Las lágrimas cesaron, y la pelicafé sintió cómo todo a su alrededor comenzaba a aclararse.
— Será mejor irnos — dijo el francés mientras se paraba del suelo — deben estar preocupados — le extendió la mano para que ella se pudiera levantar.
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Luces y Sombras en Hogwarts: El Camino de Amelie [CANCELADA]
Fan-FictionLa tensión se palpaba en el aire mientras todos esperaban con nerviosismo la llegada de la Lestrange a Hogwarts. No solo pertenecía a una familia prestigiosa, sino que también era prima de los renombrados hermanos Malfoy, los "príncipes de Slytherin...
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