T2, cap; EXTRA V

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( real life, 2 años y 2 meses antes )

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( real life, 2 años y 2 meses antes )





No sé cómo terminamos en esta situación. Solo recuerdo que todo comenzó una fiesta elegante en un hotel lujoso de Buenos Aires, uno de esos eventos donde la gente viste como si la alfombre roja los estuviera esperando.

Yo llevaba un traje, de esos que me incomodaban un poco, pero que según Cata me quedaba "ridículamente bien". Cata, por su parte, parecía sacada de un puto sueño. Un vestido rojo, ajustado, labios de color rojo también y el cabello suelto, cayendo por sus hombros totalmente liso que me hacían olvidar como se respiraba por momentos.

Igual lo único que quería era agarrarla a besos, y arrancarle el vestido.

El evento fue un éxito: fotos, entrevistas, brindis, y demasiados falsos con gente que apenas conocíamos. Para cuando ya decidimos irnos, ya estábamos agotados. Cata caminaba descalza con los tacones colgando en su mano, y yo solo quería llegar a mi departamento, quitarme la corbata y tal vez... follármela.

—¿Ascensor o escaleras? —le pregunté, sabiendo perfectamente la respuesto.

Cata me miró con una ceja levantada, como si hubiera dicho la estupidez más grande del siglo.

—Mi amor, estamos en el piso 18. ¿Querí' que me muera en el intento?

Me reí y presioné el botón del ascensor. Las puertas se abrieron con ese sonido metálico característico, y entramos. Solo estábamos nosotros dos, sin cámaras.

Un momento perfecto. Pensé.

Presioné el botón del piso 1, y el ascensor comenzó a moverse suavemente. Cata se apoyó en la pared, suspirando con los ojos cerrados. Me acerqué despacio, apoyando mi mano junto a su cabeza acorralándola contra la pared.

—¿Sabés que sos más hermosa cuando estás cansada? —susurré cerca de su oído.

Ella abrió los ojos, rodándolos con diversión. —¿Sabiai' que eres un cursi incorregible?

Me reí y me acerqué para besarla. Estábamos a centímetros del otro, en ese momento que hace que todo el mundo desaparece, cuando el ascensor hizo un sonido raro.

Un CLANK seco, seguido de un zumbido apagado.

Nos separamos de golpe. —¿qué fue eso? —preguntó Cata, mirando a su alrededor.

Antes de que pudiera responder, el ascensor se detuvo bruscamente, dejándonos atrapados entre dos pisos. Las luces parpadearon, y luego se encendieron las luces de emergencia: un tono amarillento y suave, casi débil, que no lograba calmar la situación.

—Ah, genial. —murmuré, presionando el botón de abrir las puertas, que claramente no hizo nada.

Cata se cruzó de brazos y bufó cansada. —Mateo, dime que esto es una broma.

𝗺𝗶 𝗺𝘂𝘀𝗮 ─ 𝘵𝘳𝘶𝘦𝘯𝘰Donde viven las historias. Descúbrelo ahora