MM| "𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑎𝑚𝑎𝑛𝑑𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑒' 𝑣𝑒𝑟 𝑒𝑛 𝑣𝑖𝑣𝑜"
𝘵𝘳𝘶𝘦𝘯𝘰 𝘧𝘢𝘯𝘧𝘪𝘤
─Vos sos mi musa desde que inicié con la música, mami.
®catitafzzz | 2024
¡ toda la historia es con el fin de entretener !
¡ prohibida su cop...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
( real life, 1 año después )
Mateo Palacios
Llevaba semanas planeando este momento. No era cualquier cosa. No era solo un anillo, no era solo una pregunta. Era la promesa de toda una vida con la mujer que amaba
Cata y yo habíamos pasado por todo: éxito, peleas, distancias, reconciliaciones. Pero lo que siempre permanecía era lo mismo: nos elegíamos, tanto como yo a ella y ella a mí, una y otra vez. Y yo quería que eso quedara sellado para siempre.
Había pasado noches enteras pensando en cómo hacerlo. No quería que fuera en un escenario ni en un restaurante elegante. Quería que fuera nuestro. Algo íntimo, algo que solo nosotros dos entendiéramos.
Y entonces lo supe.
El parque de Buenos Aires. Nuestro parque. El mismo donde pasamos nuestro primer aniversario, donde nos regalamos las pulseras de hilo, donde le pedí dos veces que nos mudáramos juntos. Donde soñamos nuestro futuro juntos.
Así que aquí estaba, de pie bajo ese mismo árbol donde alguna vez prometimos que tendríamos nuestra propia casa juntos. EL sol del atardecer bañaba todo con un tono dorado, y el aire tenía ese aroma familia a césped húmedo y recuerdos -ignorando a los pibes que fumaban unos porros más allá-.
Cuando vi a Cata caminar hacia mí, sentí que el tiempo se detenía. Llevaba su cabello suelto, ondeando con el viento, un vestido blanco y unas zapatillas Converse blancas. Tenía una sonrisa que me hacía olvidar como respirar.
─¿Por qué tan misterioso, amor? ─preguntó con una ceja levantada mientras llegaba a mi lado.
Le di un beso suave en los labios mientras tomaba su mano y la guié hasta donde había extendido una manta sobre el césped. Había traído una botella de jugo de naranja -ya que a Cata no le gusta mucho el vino-, algo de comida y, por supuesto, el anillo que ardía en la cajita de porcelana en mi bolsillo.
─¿Te acordás de este lugar? ─le pregunté mientras nos sentábamos.
Cata sonrió, recorriendo el parque con la mirada. ─Obvio, ¿cómo podría olvidarlo? Aquí pasaron muchas cosas.
Sus ojos se posaron en los míos, llenos de curiosidad. ─¿Estás embarazado?
Solté un carcajada, que me hizo tranquilizarme en el momento. ─Ya quisieras, mi amor. ─bromeé.
Saqué la cajita del bolsillo y la sostuve en mis manos por un momento, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de hacer. Me puse sobre una de mis rodillas.
─Catalina Sánchez... ─dije, mirándola directamente a sus ojitos que adoraba. ─Sos lo mejor que me ha pasado. Hemos crecido juntos, nos hemos caído, nos hemos levantado, hemos peleado y nos hemos amado con todo lo que tenemos. Y si algo he aprendido con todo lo que hemos pasado, es que no hay un solo día en el que no quiera que vos seas mi compañera, mi hogar y mi amor, para siempre.
Sus labios se entreabrieron y sus ojitos brillaron con lágrimas contenidas.
Abrí la cajita, revelando el anillo. ─¿Te querés casar conmigo?
Por un segundo, Cata se quedó en silencio con las manos en la boca. Y entonces, soltó un suspiro tembloroso y con una sonrisa emocionada, asintió.
─Si, Mateo... Si me quiero casar contigo.
No me dio tiempo de reaccionar, se lanzó sobre mí, tumbándonos sobre la manta mientras me besaba con emoción y con todo el amor que me tenía.
Reí contra sus labios, sintiendo su risa mezclarse con la mía.
─Pensé que me harías sufrir un poco más. ─bromeé.
─Eri' weon si creíste que te iba a decir otra cosa. ─respondió, mirándome con esa intensidad que me hacía volverme loco.
Tomé su mano y deslicé el anillo en su dedo. ─Te amo, Catita.
Ella sonrió y entrelazó nuestros dedos. ─Para siempre, Mateo.
Nos quedamos así un rato, disfrutando el momento, el atardecer, la tranquilidad del parque. cata no dejaba de mirar su anillo, girándolo entre sus dedos con una sonrisa soñadora.
─Es hermoso. ─susurró. ─No puedo creer que nos vamos a casar.
─Creélo, porque de esta ni pensés en escaparte. ─bromeé, dándole un beso en la nariz.
Cata me miró con una sonrisa y se inclinó hacia mí. ─¿Y cuándo es la boda, señor Palacios?
─Cuando vos quieras, señorita Palacios.
Cata rió, me golpeó el brazo suavemente. ─Todavía no soy tu señora.
─Lo serás pronto, mi amor. ─murmuré, besándola lentamente, saboreando cada segundo, cada sensación.
Después de un rato, sacamos la comida que había traído: empanadas, algunas frutas y la botella de jugo que abrimos entre risas mientras tomábamos en copas de plástico. Todo se sentía tan simple, tan nuestro.
─Nunca imaginé que me pediriai' matrimonio en este lugar, pensé que lo harías en los dos puentes. ─confesó Cata, apoyando su cabeza en mi hombro.
─Es que este lugar, fue donde comenzó todo, de nuevo. Quería que también fuera el lugar de esto.
Cata suspiró y se sentó entre mis piernas, la abracé por la cintura y dejé que se apoyara en mi pecho. Ella comenzó a jugar con la manga de mi chaqueta. ─Cuando era chica, soñaba con una propuesta así. Pero nunca pensé que la persona me lo pediría fueras tú.
─¿En serio?
─Si... Desde que te conocí supe que eras especial, pero nunca pensé que estaríamos aquí, después de todo lo que pasó.
─Yo siempre lo supe. ─dije con una sonrisa confiada.
─Mentira. ─rió Cata, dándome un empujón suave.
─Te juro que si ─insistí ─. Desde el primer día que te vi supe que eras la mujer de mi vida.
Cata me miró fijamente y su expresión cambió. Había algo más profundo en su mirada, algo que iba más allá de las palabras.
─Gracias por elegirme. ─susurró.
La besé con suavidad. ─Siempre, mi vida. Siempre te elegiría a vos.
Nos quedamos en silencio, disfrutando el momento, sintiendo la paz de saber que estábamos exactamente donde debíamos estar.
Esa noche, cuando volvimos a casa, Cata no dejó de mirar su anillo ni un solo segundo. Lo tocaba, lo giraba, lo admiraba con una sonrisa de ensueño.
─¿Te gusta? ─pregunté mientras nos acostábamos en la cama.
─Me encanta ─respondió, acurrucándose en mi pecho. ─Me encanta más la persona que me los dio.
Sonreí acariciando su cabello y besé su frente.
─Te prometo que voy a hacerte feliz todos los días de nuestras vidas.
─Ya lo haces, amor.
Nos besamos con cariño, Cata se subió a horcajadas encima de mí. Sonreí entre el beso, sabiendo que se venía una buena noche.