MM| "𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑎𝑚𝑎𝑛𝑑𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑒' 𝑣𝑒𝑟 𝑒𝑛 𝑣𝑖𝑣𝑜"
𝘵𝘳𝘶𝘦𝘯𝘰 𝘧𝘢𝘯𝘧𝘪𝘤
─Vos sos mi musa desde que inicié con la música, mami.
®catitafzzz | 2024
¡ toda la historia es con el fin de entretener !
¡ prohibida su cop...
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( real life, 5 años después )
Catalina Sánchez
El aire olía a tierra húmeda y flores frescas. El cielo gris cubría Buenos Aires esa mañana, como si la cuidad compartiera mi nostalgia. Caminé en silencio entre las lápidas, sosteniendo un ramo de lirios blancos. El viento movía mi cabello, y con cada paso, el peso en mi pecho se hacía más grande.
Me detuve frente a la tumba de mi padre. Pasé los dedos sobre su nombre grabado en la piedra fría y suspiré. ─Hola papá...
Mi voz se quebró un poco, pero me obligué a sonreír. Aún después de tantos años, venir aquí no era fácil. cerré los ojos por un momento y dejé que los recuerdos inundaras mi mente. Su risa, su mirada seria cuando me aconsejaba, su orgullo disfrazado de dureza.
─Hoy hace ya seis años que te fuiste ─murmuré─. Y todavía no sé cómo sentirme al respecto.
Tragué saliva y dejé las flores sobre la lápida.
─Al principio te odié, papá. Odié todo lo que hiciste, todo lo que nos alejaste. Pero con el tiempo entendí... que hiciste lo que pensaste que era mejor, aunque estuvieras equivocado.
Me crucé de brazos y miré hacia el cielo nublado. ─Quería que supieras que estoy bien, que no solo lo superé, sino que aprendí a perdonarte. Y que, a pesar de todo, te extraño.
El viento sopló con fuerza, como si él, mi papá me respondiera a mis palabras.
─Te presentaría a alguien pero... ─me reí sola y negué con la cabeza─, creo que ya lo conoces.
Me giré y ahí estaban ellos.
Mateo estaba de pie, apoyado contra el auto con una sonrisa suave, las manos en los bolsillos. A su lado, un niño de cuatro años saltaba de un lado a otro, riendo mientras jugaba con una piedrita.
Mi corazón dio un saltito.
El pequeño tenía el cabello castaño despeinado y esos mismos ojos marrones que un día me habían hecho enamorarme de Mateo. era una copia en miniatura suya, con la misma energía imparable y la sonrisa que iluminaba todo a su alrededor.
─¡Mami! ─gritó mi hijo, Dylan, al verme.
Me acerqué a ellos con el pecho latiéndome rápido. Cuando estuve lo suficientemente cerca, el niño corrió hacia mí y lo levanté en brazos.
Mateo se acercó también, con esa mirada cómplice que solo él tenia.
─¿Cómo estuvo? ─preguntó en voz baja, refiriéndose a mi visita a la tumba.
─Bien. ─respondí, acariciando el cabello de nuestro hijo ─Mejor de lo que pensaba.
Mateo asintió y pasó un brazo por mis hombros. ─Él estaría orgulloso de vos, Catita.
Sonreí con nostalgia y besé la frente de nuestro hijo, sintiéndome completa.
─Mami, ¿podemos ir a comer a hamburguesas? ─preguntó Dylan y yo miré a Mateo que evitaba mi mirada.
─¿tu hiciste eso? ─dijo mirando a Mateo, que me miró y sonrió inocente.
─Bien, vamos a comer hamburguesas. ─dije y ambos celebraron y chocaron los cinco.
Ahora esta era mi familia, juntos con lo mejor que habíamos construido.