MM| "𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑎𝑚𝑎𝑛𝑑𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑒' 𝑣𝑒𝑟 𝑒𝑛 𝑣𝑖𝑣𝑜"
𝘵𝘳𝘶𝘦𝘯𝘰 𝘧𝘢𝘯𝘧𝘪𝘤
─Vos sos mi musa desde que inicié con la música, mami.
®catitafzzz | 2024
¡ toda la historia es con el fin de entretener !
¡ prohibida su cop...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
( real life, 2 meses después )
Catalina Sánchez
Estaba en mi antigua habitación en la casa de mis papás cuando escuché el timbre de la puerta. Desde dentro, escuché las voces de mi mamá y de Mateo.
Él estaba aquí y aunque había querido que este día llegara, ahora que lo tenía enfrente. sentí una mezcla de nervios y expectación.
Mi papá, quien había estado muy enfermo en los últimos meses, había cambiado mucho. Ya no era el hombre rudo y distante que solía ser. Sus ojos ya no mostraban esa arrogancia que tanto me había irritado en el pasado; ahora reflejaban vulnerabilidad, arrepentimiento y, tal vez, un chispa de miedo.
La enfermedad le había arrancado mucho, pero también le había dado una nueva perspectiva.
Cuando me pidió hablar con Mateo, no supe que esperar. El daño ya estaba hecho. Mi papá había arruinado tanto las cosas entre nosotros, lo sabía. Y aunque había intentado hacerle entender que lo que hizo estuvo mal, en lo más profundo de mí, entendía sus motivaciones: quería protegerme, aunque lo hiciera de la peor manera posible.
Escuché sus pasos acercándose, y mi corazón comenzó a latir más rápido. No quería que Mateo me viera ahora, tan vulnerable y llena de incertidumbres.
No quería que lo viera a él, con la misma mirada triste de siempre, buscando respuestas. Pero no pude evitarlo, tenía que ser parte de todo esto.
Decidí bajar. Al entrar al living, vi a mi papá sentado en su silla, con una expresión seria, pero también llena de arrepentimiento. Mateo estaba sentado frente a él, se veía algo tenso, como si no supiera bien como reaccionar. Sus ojos me encontraron, me sonrió algo más aliviado y se levantó.
Me acerqué, Mateo me envolvió en sus brazos. No nos habíamos visto en una semana.
—Hola hermosa. —dijo abrazándome, levantándome en sus brazos. Se ocultó en mi cuello. —te extrañé.
Yo sonreí y acaricié sus trenzas. —hola mi vida.
Mateo se separó y me besó suavemente. Luego, tomó mis mejillas con sus cálidas manos. —¿has estado bien? Tienes más ojeras, no has dormido bien.
Yo reí bajito y tomé sus manos, sin quitarlas de mi cara pero las apreté suavemente. —Mateo, tranquilo, amor.
Me senté junto a mi mamá, dejando a mi papá y a Mateo frente a frente. Mateo tomó asiento de nuevo, recuperando su semblante serio.
—Gracias por venir, Mateo, —soltó mi papá, su voz rasposa. —Sé que esto no es fácil para ti. —El tono de mi papá era suave, cargado de emociones que quizá se negaba a soltar.
Mateo miró a mi papá en silencio, como si estuviera esperando algo más. Sabía que todo esto le costaba, que después de todo lo que había hecho mi papá, había mucho resentimiento de su parte.
Yo también lo sentía, pero necesitaba que se resolviera, que las heridas sanaran y que todos pudiéramos salir adelante.
—Lo siento, hijo. —continuó mi papá, casi en un susurro. —Lo que hice estuvo mal, muy mal. Pensé que estaba protegiendo a mi hija, pero no era mi lugar. Me cegó el miedo, y no supe como manejarlo. No quería que la lastimaras, pero pasó de igual manera y estoy muy arrepentido de todo.
Mateo, parecía tenso, bastante para mi gusto. Me levanté y me acerqué por detrás, dejé mis manos en sus hombros masajeando suavemente que pareció reconfortarlo.
Luego de unos segundos, habló. —Entiendo, Javier. No fue fácil para mí, pero también sé que has pasado por mucho. No lo acepto pero lo comprendo. Solo quiero que Cata esté bien. Y, si me lo permitís, yo... —tomó aire y una de mis manos. —yo quiero estar en su vida. Quiero ser su mejor amigo, su compañero, su esposo y el padre de sus hijos. Desde que somos pibes no la he dejado sola y no lo pienso hacer ahora. No soy perfecto, no visto formal pero yo doy todo por ella, doy todo por Cata.
Mi papá asintió lentamente, con un suspiro de alivio. No había necesidad de más palabras. Sabíamos que lo que importaba era sanar, dejar atrás el dolor y avanzar.
En ese momento, mi papá se levantó lentamente, y con un gesto que nunca habría esperado de él, se acercó a Mateo y extendió la mano.
—Cuídala, Mateo. Te lo pido, desde lo más profundo de mi corazón. Es mi única hija y lo más importante para mí. No quiero verla perder su brillo como ya lo hizo una vez.
El nudo en mi garganta se hizo más grande, y sin querer, se escapó una lágrima que rodó por mi mejilla. La lágrima de alivio, de tristeza, de tantas emociones juntas de al fin ver algo tan roto sanar.
Mateo estrechó su mano, y en ese acto de perdón, algo cambió.
Algo que no se podía explicar pero la tensión se desvaneció, la tensión de los músculo de Mateo se fueron.
Mamá nos miraba en silencio, y a pesar de todo lo que había pasado. Al fin, ya no estaba ese ambiente tan pesado cuando mi papá y Mateo estaban juntos.
—Gracias, Mateo. —murmuré finalmente, mi voz temblaba. Mateo se volteó y me miró, soltando la mano de papá. —Gracias por estar aquí, por escuchar y por perdonar.
Mateo sonrió, como si nada hubiera pasado. Como si me prometiera que todo volvería a estar bien.