Epílogo

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Epílogo: Memorias.

Cómo pasa el tiempo. Ya han transcurrido dieciséis años desde que Sebastian se mudó con su familia a Japón. Fueron bien recibidos por los locales, lo que facilitó su adaptación, aunque su vida como padre no resultó ser tan sencilla.

- ¡Wua, wua, wua!

Ciel: Melody... -Exclamó con preocupación mientras se dirigía a la habitación de su pequeña. Se llevó una gran sorpresa al encontrar a alguien más allí- ¿Sebastian? ¿Qué haces aquí?

Sebastian: Mi hija estaba llorando. Quería venir a verla. -Respondió con ternura y preocupación mientras la cargaba- Creo que tiene un poco de frío. Te dije que deberíamos haber instalado su cuna en nuestra habitación. Aquí es difícil escucharla.

Ciel: Sebastian, no podemos hacer eso. Ya hemos hablado de esto: ella se acostumbrará a nuestra presencia y querrá dormir siempre a nuestro lado. No es malo para nosotros, pero podría serlo para ella en el futuro.

Sebastian: Pero...

Ciel: Basta, Sebastian Michaelis, vuelve a la cama. Me encargaré de acostar a nuestra hija.

Para ser más preciso, la adaptación a su nueva vida fue difícil para Ciel. No importaba la hora, Sebastian siempre estaba pendiente de su hija, y aunque eso tenía su lado positivo, también resultaba excesivo. En ocasiones, el hombre pasaba noches sin dormir, temeroso de que algo le pudiera pasar a la pequeña, aunque afortunadamente, nunca ocurrió nada. En cambio, él terminó resfriándose y enfermándose varias veces debido a que sus defensas estaban por los suelos.

Desde el principio, Ciel sintió que debía cuidar de dos niños, y no estaba equivocado en su percepción.

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A medida que pasaban los meses, el profundo cariño y amor que Sebastian sentía por su hija iba en aumento, aunque siempre con cierta cautela.

*Ding... dong...

Sebastian: ¡Melody! -Exclamó mientras se apresuraba a abrir la puerta. Efectivamente, su hija ya había llegado a casa- Cariño, mi princesa. ¡Qué alegría verte de nuevo! ¿Cómo te fue en tu primer día de escuela?

Melody (4 años): Muy bien, papi. Hice muchos amigos.

Sebastian: Pero, ¿no me vas a dejar por esos amigos, verdad? Papá se pondría muy triste si eso sucediera.

Melody: ¡No! -Exclamó con determinación, abrazando a su padre.

Sebastian: Esa es mi niña. -La elogió con gran alegría por su respuesta.

Los padres siempre desean que su pequeña siga siendo parte de ellos.

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La adolescencia es una etapa que muchos consideran complicada, y cualquier padre lo confirmará.

Melody (17 años): Papás, hay algo importante de lo que quiero hablar con ustedes. Pero, por favor, necesito que sean comprensivos. -Su tono era tan preocupante que ambos padres no sabían cómo reaccionar.

Ciel (34 años): Claro, aquí estamos para escucharte. -Dijo con una calma que contrastaba con la inquietud de su esposo.

Sebastian (40 años): ¿Qué ocurre, hija?

Melody: Bueno, como saben, mi amiga Kristy va a celebrar su cumpleaños número 18 con una gran fiesta en su casa, y me gustaría pedirles permiso para asistir. Por favor, les prometo que todo estará bien.

Black LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora