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OLIVER


¡Isagi se había atrevido a besar a mi hermana! ¡En mis narices!
Ella y yo éramos casi idénticos. ¡Era como si me hubiera besado a mí!
Odié pensarlo. Odié imaginarlo. Odié la imagen de sus labios, odié la idea misma de un beso… y odié aún más imaginarme besándolo a él. ¿Por qué demonios esa imagen se había formado en mi cabeza? No tenía sentido.

Isagi me lanzó una mirada fugaz mientras besaba a Cassia. ¿Para qué? ¿Cuál era su propósito?
Primero había actuado como un idiota en el jardín, y ahora… ¿esto? ¿Intentaba burlarse de mí? ¿Hacerme enojar?

¿Qué le había hecho yo? Si el tipo había llegado al vecindario con ese porte y esos aires de superioridad.
Claro que me sentí intimidado. ¿Cómo no hacerlo? ¿Qué tenía yo para compararme?

Tenía veintitrés. Terminé la licenciatura en literatura, sí, pero ni siquiera sabía qué hacer con eso. Yo no quería ir a la universidad. Papá insistió: “haz una carrera, es mejor que trabajar en la tierra”.
Pero yo amaba trabajar en la tierra. En el jardín. Era lo único que me hacía sentir útil. Lo único que realmente sabía hacer. Y, probablemente, lo único a lo que me dedicaría toda la vida.

Yo era flaco. Y sí, el trabajo al sol me marcaba los músculos, pero no era nada comparado con Isagi, que parecía tener tiempo de sobra para ir al gimnasio y esculpir su cuerpo.
Era atractivo. Muy atractivo.
Tenía todo: dinero, belleza, cuerpazo, independencia…
Parecía tener la vida resuelta.
Y yo… yo solo tenía tierra en las uñas y una pala.

Claro que mi hombría se sintió amenazada. ¿Qué más podía ser? ¿Solo eso… no?

De verdad quería perdonarlo. Pensé que tal vez solo había tenido un mal día. Yo también los tenía. Muchos. Y cuando los tenía, era cortante, malagradecido, insoportable.
Pero ¿besar a mi hermana? ¡Ella tenía novio! ¡Y era el cumpleaños del novio! Fue una completa falta de respeto. Una humillación.

Por supuesto que azoté la puerta. No me importó dañar un poco su lindo auto. Seguro podía comprarse cinco más si le daba la gana.

Subí de nuevo al asiento del copiloto. Isagi, sin decir palabra, también subió.
Su mirada estaba tranquila, relajada… como si nada hubiera pasado. Como si todo estuviera bien.

Y eso me enfureció más.
¿Cómo podía estar tan tranquilo?
¿Acaso no se daba cuenta de que yo estaba a punto de explotar?

Isagi encendió el auto sin decir una palabra. Silencio. Solo el ronroneo del motor llenaba el aire mientras su mirada se mantenía fija en el camino, como si el asfalto fuera lo único que importaba.

Yo quería hablar, pero ¿Que le podía decir? Tenía tantas emociones encontradas que se volvió confuso. Ese sentimiento de rabia que sentía era tan extraño, tan diferente que no podía ponerle nombre, solo sé que quería mentarcela al tipo.

—Bonito show, ¿eh? —solté con tono sarcástico—. Qué considerado de tu parte besar a mi hermana en el cumpleaños de su novio. Casi me sacas una lágrima.

Mi pierna rebotaba contra el piso, como un tic nervioso imposible de controlar. Tenía los brazos cruzados y mordíendo mi labio inferior, lo miré.

—¿Qué? —dijo, frunciendo el ceño —. ¿El del cumpleaños es el novio? —preguntó, genuinamente confundido. Tal vez incluso horrorizado.

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