12

514 38 107
                                        

OLIVER

¿Cómo podría comenzar a organizar mis sentimientos?

Esa pregunta me había perseguido desde que conocí a Isagi. Al principio, no quería prestarle atención. Pensé que era solo una distracción, una curiosidad pasajera. Pero con el tiempo, cada mirada, cada gesto, cada palabra suya comenzó a desordenarme por dentro. Era como si me revolviera todo lo que creía tener resuelto.

Isagi me confundía. Me frustraba. Me daba miedo.

Porque me hacía sentir cosas que creí enterradas. Cosas que no quería volver a experimentar. Cosas que una vez me rompieron el corazón.

intentaba enfocarme en otra cosa que no fueran sus manos. O su voz. O su maldita sonrisa.

El sentimiento no era sutil. No era lento. Llegó y me descompuso desde el principio, pero yo estaba demasiado ocupado resistiéndome como para notarlo a tiempo.

Al principio creí que me caía mal. Que su actitud me molestaba, que su manera de hablar me ponía de malas, que su seguridad me irritaba. Ahora entiendo que todo ese enojo no era más que una defensa. Una reacción primaria que intentaba protegerme de algo que ya me había dolido antes.
No era que él me intimidara. Es que me gustaba.
Y no sabía cómo manejarlo.

La última vez que sentí algo así fue por Liam. Éramos adolescentes. Él era mi mejor amigo. Yo no sabía lo que sentía hasta que lo supe con demasiada claridad, y para entonces ya era tarde.

Recuerdo ese día como si me lo hubieran marcado con fuego: sus palabras, su voz rompiéndose, su cara roja de ira o de miedo, no lo sé. Solo sé que me gritó “marica” en la cara y que después de eso dejó de hablarme como si nunca hubiera existido.
Desde entonces, prometí que nunca más volvería a ponerme en una posición que pudiera romperme así.

Me alejé de los chicos, incluso de mí mismo. Me forcé a salir con chicas, a tener relaciones inestables, vacías. Al menos eso era más fácil de explicar. Más aceptable. Más seguro.

Y funcionó. Por un tiempo.

Hasta que apareció Isagi.

Él me desarmaba. Me enfrentaba a todo lo que quise enterrar. Me recordaba que en algún rincón de mí, aún había un corazón que quería sentir. Que podía sentir.
Me enojaba que lo consiguiera con tanta facilidad. Que me hiciera perder el control.

Me desesperaba que no se esforzara en ocultar lo que sentía.
Y me aterraba… que yo empezara a querer hacer lo mismo.

Besarlo no fue un simple impulso.
Fue una explosión.
Una mezcla entre miedo y deseo.
Una parte de mí quería que supiera todo lo que estaba sintiendo… y tal vez lo hice.
Tal vez lo supo.

Y desde entonces no había podido detener las preguntas:

¿Y si no le gusto?

¿Y si me evita después de esto?

¿Y si solo está jugando?

Pero Isagi, tan Isagi como siempre, supo cómo calmar la tormenta. Sus palabras tocaron un punto en mí que pensé muerto. Me dieron un atisbo de esperanza.

¿Podría quererlo sin miedo?

¿Podría lanzarme al vacío sin esperar otra vez ese grito lleno de odio?

NUESTRA OSCURIDAD Donde viven las historias. Descúbrelo ahora