19

293 26 316
                                        

ISAGI

Oliver.

Oliver.

Oliver.

Su nombre resonaba en mi cabeza con fuerza, haciéndome temblar de emoción cada vez que lo recordaba, o cuando mis labios lo pronunciaban en voz baja, como un secreto demasiado hermoso para decirse en voz alta.

Oliver.

Quien me descolocaba, me excitaba y me amaba.
Porque era verdad: me amaba.
Me amaba como nunca creí posible ser amado.
Sin presión. Con pureza.

Cada vez que estaba con él, que respirábamos el mismo aire, que rozaba sus facciones, su cuerpo… era como inhalar paz. Esperanza. La posibilidad de convertirme en alguien mejor.
Para él. Para nosotros.

Oliver había enfrentado a su familia por esto que teníamos. Por nuestra libertad. Por el amor que empezábamos a construir.
Se estaba arriesgando por mí.
Y yo…
Yo me sentía un traidor.

Porque la verdad seguía atrapada en mi garganta, y no lograba atravesarla.

Solo debía esperar un poco más.
Un poco más… y me confesaría de verdad.
Aunque me aterraba la idea de que Oliver no pudiera aceptar quién era realmente.
Algún día tendría que hacerlo.
No podía ocultarme para siempre, no cuando él me había dejado derribar sus muros, no cuando me había mostrado hasta el último rincón de sí mismo.

Le debía tanto.
Tanto...

Y mientras su aroma seguía impregnado en mi piel después de esa última despedida —ese roce furtivo de nuestras manos, de nuestros labios, con el deseo ardiendo entre nosotros, con esa necesidad de un beso antes de dormir—
yo me obligué a soportarlo una noche más.

Solo una noche más y las mentiras terminarían.

Yo presentía que Oliver podría entenderlo.
Él me amaba.
¿Eso sería suficiente?
¿El amor podía opacarlo todo?

Incluso...

¿Un asesinato?

Esa noche me despedí de Oliver.
Le regalé unas miradas y un par de sonrisas antes de entrar a casa, mientras comenzaba a buscar mi celular entre los bolsillos.
Había ignorado tanto la realidad que ni siquiera me había atrevido a mirarlo.
Encenderlo significaba volver al trabajo.
Y yo había estado demasiado ocupado prestando atención a mis sentimientos... y a los suyos.
Había olvidado por completo que el modo avión seguía activado.

Volví a verlo.
Oliver sonreía con cansancio desde la reja de su casa, mirándome como si no quisiera dejar de hacerlo nunca.
Y yo le devolví la sonrisa, sintiéndome orgulloso de lo que habíamos construido, y de lo dispuestos que estábamos a luchar por lo que sentíamos.

No sabía que la oscuridad ya me estaba esperando.

Encendí el celular.
Abrí la puerta y entré, soltando un suspiro. El agotamiento me estaba ganando, y no creí soportar mucho más sin mi cama... o sin Oliver.

Las notificaciones no tardaron en llegar.
Primero, las llamadas perdidas de Scarlett, una tras otra, con insistencia.
Me desconcertaron por completo; Scarlett solo llamaba así cuando había malas noticias.

Caminé por el umbral mientras mi dedo deslizaba la pantalla.

Notificaciones del sistema de seguridad.
Movimiento detectado.
Las cámaras.

Mi mirada atravesó la habitación, y entonces la vi.

Resaltando entre las penumbras:
una silueta perfectamente sentada en uno de los sillones.
Joyas que brillaban bajo la luz de la luna que entraba por la ventana.
Una pierna cruzada sobre la otra,
un vestido rojo entallado que resaltaba el tono cálido de su piel
y el oscuro de su largo cabello.

NUESTRA OSCURIDAD Donde viven las historias. Descúbrelo ahora