ISAGI
La noche, para mi fortuna, transcurrió lenta. Tan lenta que me permitió admirar el cabello rizado de Oliver cayendo sobre sus ojos mientras el sueño lo vencía, con el anillo rodeando su meñique una vez más.
—Prometo comprarte un anillo de compromiso de verdad —le había dicho después de sellar la promesa con un par de risas y besos.
—No necesito nada de eso —me aseguró—. Solo te necesito a ti.
Después de eso, se quedó completamente rendido sobre la almohada que estaba a mi lado.
Yo no pude dormir de inmediato. Mi mente viajó con prisa hacia el futuro inmediato, y la opresión en el pecho que aquello me provocó me asfixió.
Oliver debía volver a casa. Tenía que solucionar las cosas con sus padres para que yo pudiera ir a hablar con ellos como correspondía. Y después de eso, Oliver y yo podríamos casarnos, irnos, vivir juntos, hacer una vida. Libres, finalmente.
También necesitaba tiempo para pensar y procesar todo lo que había ocurrido en las últimas horas, y el golpe de la realidad fue abrumador.
Oliver había matado a Lidya. Lo había hecho porque quiso hacerlo; más allá de verse obligado a actuar en defensa propia, lo hizo… por mí.
Y saberlo, lejos de parecerme descabellado, me resultaba un acto de amor. Porque Oliver no solo había pensado en salvarse a sí mismo, sino en salvarme a mí, en salvarnos a los dos.
Y eso no tenía precio. Él me amaba. Me amaba más de lo que nadie lo había hecho jamás, y eso era todo lo que necesitaba.
Y aunque quisiéramos prolongarlo un poco más, la mañana llegó, trayendo consigo la inevitable realidad: Oliver debía volver a casa.
Y, para mi fortuna —o mi desgracia—, yo también. Adrian me había llamado para decirme que podía regresar a mi hogar, y así lo hice.
Odié dejar a Oliver enfrentarse solo a sus padres. Moría por dar la cara, por disculparme, por explicar.
Porque, ciertamente, no quería tener de enemigos a los Bianchi… pero tampoco planeaba dejar de amar a su hijo.
Cuando doblé en la esquina, todavía maldiciendo por haber visto a Chris hablando con Cassia, me encontré con Scarlett, a quien había llamado minutos antes para avisarle que volvería a casa. Estaba quitando las cintas de precaución que la policía había dejado alrededor de la casa y llevaba puesta una camiseta que casi le llegaba a las rodillas. Lo sabía: venía preparada para todo.
Aparqué frente a la casa, y ella me atrapó de inmediato con su mirada seria, desaprobatoria. La misma de siempre.
Bajé del auto y alcancé a ver mi motocicleta a la orilla del patio. Alguien, en algún momento, la había puesto ahí, con el casco apoyado en el manubrio. Solo le eché un vistazo. Luego me acerqué a Scarlett, quien esbozó una pequeña sonrisa cuando estuve frente a ella, relajando por un instante su expresión dura.
—¿Cómo hiciste para llegar tan rápido? Solo te avisé que ya podía volver a casa.
Se encogió de hombros.
—Tenemos que limpiar el desastre, ¿no? —respondió, terminando de enrollar las cintas entre sus manos para meterlas en una bolsa negra que sacó de quién sabe dónde.
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NUESTRA OSCURIDAD
RomanceIsagi llegó al vecindario con un solo objetivo: privacidad. Oliver no buscaba enamorarse de alguien como él. Pero lo hizo. Y lo deseó de una forma que no supo controlar. Lo que no sabe es que Isagi guarda un secreto. Uno que no puede decir. Uno que...
