OLIVER
Son las cinco de la tarde; es hora de cerrar y, como siempre, se me hace tarde, pero no puedo irme aún. La señora Ellis llegó a última hora, pidiendo un ramo para su nieta, quien tendrá su fiesta de compromiso esta tarde. No podía negarme, no cuando ella nos recibió con tanto cariño desde que abrimos Isaliver hace tres años. La señora Ellis es clienta frecuente y dueña de una pequeña cafetería del otro lado de la calle. Siempre nos trae rebanadas de pastel o algún pan al final del día. Esta vez trae un pastel de zanahoria, el favorito de Isagi.
—Ya deberías ir a descansar, Oli —dice, mientras el papel cruje entre sus manos.
Asiento, regalándole una sonrisa. Tomo mi bolso del perchero que está detrás de mí, me pongo el saco y luego tomo el pastel y un ramo de lirios blancos que preparé hace unos minutos. Ya listo, me acerco a la señora Ellis y la acompaño a la salida.
—¡Pero qué flores tan lindas! ¿Para quién son? —pregunta, al mismo tiempo que las mira. Tiene razón, son hermosas.
—Las preparé para mi esposo. Es nuestro aniversario y voy un poco tarde —respondo con algo de vergüenza, intentando ocultar que llevo prisa.
El rostro de la señora Ellis se llena de emoción al escucharme; no puede evitar sonreír y asentir con entusiasmo.
—Mándale mis saludos a Isagi, han pasado días desde la última vez que lo vi —me comenta.
Asiento, cerrando con llave la puerta de la florería.
—¿Qué harán para Navidad? Las fechas están muy cerca.
No puedo evitar jalar aire con algo de pesadez; pensar en las fechas navideñas me pone muy ansioso, aún más cuando sé lo que puede pasar.
—Invitamos a nuestros padres —admito con algo de temor en la voz—. Es la primera vez que lo pasaremos todos juntos; estoy asustado.
—Bueno, es un gran paso, ¿eh? —me palmea el brazo, seguido de un apretón y, al fin, me abraza—. Les deseo suerte y feliz aniversario —guiña un ojo y se da la vuelta, despidiéndose.
Suelto una risa y subo a mi auto, tratando de que no se me caiga el pastel ni las flores. Las acomodo en el asiento de a lado y me pongo en marcha.
El sol se oculta detrás de las montañas nevadas cuando atravieso el pueblo, y para cuando me adentro en el bosque, los últimos rayos de sol desaparecen entre los árboles.
Todas las luces están prendidas, y puedo ver movimiento a través de la ventana de la cocina cuando aparco el auto. Sonrío: ¿Isagi? ¿En la cocina? Tengo que verlo.
Tomo mis cosas y me dirijo al pórtico; espero un par de segundos antes de entrar. Pues escucho que algo cae al piso, unos pasos apresurados recorren el pasillo y un par de maldiciones salen de la boca de Isagi. Cuando puedo detectar la calma, entonces abro la puerta.
La casa huele a jazmín y a salsa de tomate. El calor del interior me atrapa de inmediato y me obliga a dejar el pastel y las flores sobre un banco del recibidor para poder quitarme el saco.
Sonrío al escuchar unos pasos acercarse. Con rapidez, levanto las cosas y cruzo el umbral para entrar a la sala, de donde provenían los pasos. Ahí, sobre la mesa de centro, estaba la cena: pasta, pizza casera y dos copas al lado de un vino sin abrir.
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NUESTRA OSCURIDAD
RomanceIsagi llegó al vecindario con un solo objetivo: privacidad. Oliver no buscaba enamorarse de alguien como él. Pero lo hizo. Y lo deseó de una forma que no supo controlar. Lo que no sabe es que Isagi guarda un secreto. Uno que no puede decir. Uno que...
