OLIVER
No supe en qué momento exacto mi corazón dejó de latir. En qué segundo el aire se volvió más pesado, tan denso que era casi imposible respirarlo. Tampoco supe cuándo mi cuerpo se rindió y, por fin, dejó de llorar. Solo sé que, de pronto, mis ojos se abrieron… y el mundo ya era gris. Triste.
No podía contar cuántas veces me desperté en la madrugada solo para volver a romper en llanto, repitiendo en mi cabeza esas palabras que salieron de la boca de Isagi como cuchillas:
"Solo me aburrí."
Aborrecía pensar tanto en él… pero aborrecía más no poder dejar de hacerlo. Quería arrancarme ese amor de raíz, y con él, todo ese dolor.
Cassia me ayudó a fingir que estaba enfermo. Que había comido demasiadas hamburguesas, que solo quería dormir y descansar.
Mis papás me visitaron un par de veces en mi habitación. Fingí estar dormido las dos veces. No quería que vieran lo destrozado que estaba, ni lo mucho que me dolía el corazón.
Después, Cassia entró para confirmar que Isagi sí había ido a desayunar.
Hipócrita, pensé.
¿Cómo puede atreverse…?
Por consejo suyo, decidí darme una ducha.
—Refresca tu cuerpo y tu mente —me dijo—. Yo voy a comprar unas cosas, y cuando vuelva, pasamos la tarde comiendo golosinas a escondidas y viendo películas. ¿Te parece?
Me dejó un beso en la frente y se fue.
Dos segundos después, sonó mi celular en algún lugar de la habitación. El corazón se me detuvo. Lo busqué con desesperación, como si mi vida dependiera de ello.
—Isagi —alcancé a decir con la voz rota, llena de esperanza—. Isagi...
Removí todo a mi alrededor, hasta que lo encontré.
Pero no era él.
Era Liam.
Un mensaje corto:
Hola, soy Liam. No quiero molestarte, pero me gustaría retomar nuestra charla ahora que volviste de Italia. (Tu hermana me dio tu número en La Bóveda y me contó del viaje. No te enojes con ella, no sabe nada).
Sentí como si una bestia me atravesara el estómago con las garras y comenzara a arrancarme las entrañas con saña.
No respondí.
Maldije. Primero a Liam. Después a Isagi.
Y entonces me metí a bañar con toda la rabia que me recorría el cuerpo.
Tenía que hacer algo con ella. Tenía que sacarla. No podía quedarme quieto, con los puños apretados y la garganta ardiendo.
Tenía que hacer algo.
Extrañaba a Isagi.
Necesitaba a Isagi.
Deseaba a Isagi.
Pero... ¿qué podía hacer? ¿Cómo?
Y entonces, como si el universo me estuviera dando una última oportunidad, apareció.
Isagi.
A mis espaldas.
Con una ridícula charola en las manos y su encantadora presencia.
ESTÁS LEYENDO
NUESTRA OSCURIDAD
RomanceIsagi llegó al vecindario con un solo objetivo: privacidad. Oliver no buscaba enamorarse de alguien como él. Pero lo hizo. Y lo deseó de una forma que no supo controlar. Lo que no sabe es que Isagi guarda un secreto. Uno que no puede decir. Uno que...
