Capítulo 40

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Una rutina se creó en mi vida, aunque hayan sido solo seis días, fueron suficiente para saber que cada segundo era preciado. Pude haber desertado cada plan que hice en el transcurso de muchos meses. Pero, con la mente clara. Quería cumplir mi objetivo, ser libre, y poder vivir mi vida como mejor me plazca.

Durante esos días, antes del amanecer. Mis días inician. Disciplina, era la palabra que todos decías, y yo tenía que ser el significado del mismo. Al salir siempre de la hacienda estaba Sarde listo para hacer nuestra rutina.

Muy en el fondo tengo la certeza que al llegar ese séptimo día. La burbuja explotaría, y ambas caeríamos sobre la tierra. Aunque tal vez mi golpe fuera más fuerte que el de ella. Después de correr algunas horas con Sarde regresábamos justo a tiempo para el desayuno.

― Las creencias de los ancianos, dicen, que si sabes cocinar, es momento en que puedes casarte. ―Comentó Luz a la rubia. ― Creo que estas lista.

Fue como si haya dicho que se murió el presidente de estados unidos o que este sea el último día de vida para toda la humanidad. Porque tanto Hayden, Nate y yo, nos ahogamos con el propio jugo que Marley minutos antes nos sirvió.

«Quiere matarnos.»

― No hablemos de esas cosas. ―Digo recomponiéndome.

Anielle actúa normal, tan solo nos dirige una mirada de que deberíamos de tener modales en la mesa. Cambio de tema, antes de que se inicie un debate de bodas. Diablos. No estoy lista para bodas, y menos para ver a esas dos en algo con lo que no hay vuelta atrás.

«Divorcio.»

Ja. Veo a esas dos, y lo único que puede ver como significado de esa palabra radica solo en mis padres. Dios de Emm, si existes, no hagas que estas cometan una locura. Decir que cada desayuno era único, era real. Si no era en el desayuno o almuerzo, más de alguno hacia una escena por comentarios. Las únicas, inmunes a ellos, eran mi dos amigas.

― Creo que dejaré de comer con ustedes. ―Comentó una tarde Hayden.

― Son libres de comer donde deseen. Ni falta harían.

Dijo esa vez Anielle viendo a Marley de una manera, que nuestra única presencia hacia que mi mejor amiga no fuera su comida. La poca importancia de nuestra presencia, era lo que me hacía comer con ella. Una parte de mí, tal vez, solo tal vez tenía cierta cantidad de celos. Claro, ellas tienen una vida sexual activa, y yo, a este punto me creo virgen de nuevo. Incluso pienso que tal vez olvide como diablos se complace a una mujer.

Por las tardes cuando estaba con mi madre practicando, algunas veces veía a Marley en alguna esquina. Eso sí, siempre traía una libreta para apuntar cualquier cosa. Aunque trate de indagar que era, recibía una negativa de su parte. Mi madre, al parecer por primera vez en mis años de vida, se llevaba bien con alguna de mis amigas. Aunque claro, al momento de comer, nunca jamás nos acompañó.

A veces deseaba brindarle una invitación para que nos acompañara. Pero que temas de conversaciones habría. De por sí, los chicos tienen un poco de recelo hacia ella por todo lo que paso. Creo que la única con el valor de enfrentarla seria Marlowe. Verla, me hacía dar cuenta que no me equivoque de hacerla mi mejor amiga.

El viernes por la tarde, cuando todos iniciaban a irse. Estaba Marley deambulando por el lugar desde la mañana, a veces hacia preguntas que algunas personas respondían, y pues otros simplemente la ignoraban. La curiosidad en ella, creo que harto a todo el equipo de mi madre. Pero la única que le respondía, era Alicia.

Mi madre, a veces la veía, e incluso algunas veces ella misma se acercó para responder sus dudas. Todos nos quedamos con la boca abierta cuando la llevo al centro de la pasarela y le mostro parte de lo que se seria su desfile. Yo podía haberle explicado, pero mi madre se adelantó.

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora