Capítulo 47

990 91 26
                                        

Abril 19

La mirada de la chica en el espejo muestra cansancio, y detrás hay miedo. Los golpes inician a ser un rastro que inicia a desaparecer. Es lo único que agradezco, no es nada grato observarse en el espejo sintiéndote y viéndote como basura. Ahora al menos, me veo linda. Salgo de la habitación, observo todo a mí alrededor y este es el lugar que merezco.

Bueno, tal vez no lo merezco pero en algún momento será mío. Creo una decoración distinta a la que ahora tiene la haría tener mi personalidad. Incluso el olor es raro, trae recuerdo de mi madre. 

Los ventanales abiertos mueven las cortinas haciendo que la habitación cálida. Salgo de la habitación recorriendo pasillos sin historias, ver algunas obras sin sentido. Si este lugar tuviera personalidad seria fría, calculadora, egocéntrica y desconsiderado. De cierta forma la superficialidad es lo que esperas de una persona como lo es ella.

― ¿Dónde estabas? ―La voz de la rusa llega desde el primer nivel.

― Familiarizándome con el lugar. ―Bajo las gradas.

Paso por su lado hasta la cocina donde nos sirven la comida. Agradezco mientras Vanka me observa y toma asiento. Degusto de una buena comida francesa mientras ella observa que comer. Termina eligiendo unos waffles con jalea. Toda mi vida trate de no ser como mi madre, pero muy en fondo nunca lo logre. 

El sonido de tacones llama su atención mientras yo sigo comiendo. El olor de su fragancia me hace recordar los pocos años de niñez que estuvo presente. Toma asiento en la otra esquina mientras le sirven un poco de té. Madre e hija de nuevo en el mismo lugar.

Haber llegado ayer por la noche a su casa, fue suficiente para que se presentara a primera hora de la mañana. Tal vez le da cierto miedo que este en lo que para ella es su santuario, su hogar. Pero no hay curiosidad por descubrir que hay en cada habitación.

Ella si es la personalidad de la casa, y es algo que le gusta, demostrar lo que ha obtenido a base de esfuerzo y sacrificios. De ello, si puede estar orgullosa. Algo que nunca sabré, porque a mí todo me fue puesto en bandeja de oro. Y no es algo que reniegue, porque me encanta que así haya sido.

― ¿Has traído lo que pedí? ―Levanta el rostro del periódico que deja de lado.

― Llegara el miércoles. ―Mira a Vanka, misma que lo le baja la mirada. ― Tú amiga puede venir por ello.

― Sí así es. ―Tomo un poco de agua. ― ¿Qué haces aquí?

― Es mi hogar, puedo venir cuando quiera. ―Me señala con un cubierto. ― ¿Tú que haces aquí? ―Le regalo una sonrisa.

― Disfruto de mi herencia. ―Toma una pose más relajada. ― Me negaras eso también. No tengo hermanos, por ende, lo tuyo es mío.

― Yo...

― Me has negado de todo la mayor parte de mi vida. ―Imito su pose. ― ¿Me negarás esto madre?

El fuego en su mirada acompañado de dolor es usual. Pero por alguna extraña razón, la cual no deseo descubrir, no me gusta percibir lo último. Sé que no dirá nada más. La veo, y quiero entenderla a veces. Sé que para tener respuestas, hay que hacer las preguntas adecuadas.

A veces la persona que nos hace más daño, es la persona que tuvo que querernos desde un inicio. Verla me hace añorar una relación normal de madre e hija. Pero soy una bastarda que no le permite eso, y ella no se anima a llevarme la contraria. 

Vanka, sintiendo la atmosfera densa toma la decisión de salir no sin antes robar una manzana verde despidiéndose de mi madre. Al ver que estamos a solas, una inquietud se genera dentro de mí. Tal vez no es el momento de preguntar, ¿Pero cuando lo es? 

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora