Capítulo 28

1.3K 124 33
                                        

La vista del cielo me ciega al punto en que mis ojos se cierran, pero se abren ante el golpe que recibe mi cuerpo al impactar contra el suelo. Me volteo tosiendo maldiciendo a los cuatro vientos viendo a la persona que empiezo a odiar con todo mí ser. La tierra se pega a mi cuerpo, lo que lo hace incómodo. Y puedo jurar que los últimos días, ella me ha pateado el trasero de diferentes formas.

― Arriba princesa ―habla la pitufa esa.

Me levanto con rapidez y me pongo en posición, la pelea inicia de nuevo. Evado tantos golpes como puedo y aunque trato de cubrir mi rostro, los impactos en mis costillas nunca se detienen. Con la ira desbordando ataco con furia, golpe tras golpe que detiene. Y justo cuando mi puño impacta contra su mandíbula mandándola al suelo.

Grito de la emoción que se borra cuando barre mis piernas cayendo hacia atrás. Que hija de puta, suelto un sonoro jadeo, mi cuerpo se siente desfallecer. Me quedo acostada viendo el cielo, y la risa de los demás no se hace esperar.

― ¿Dónde aprendiste a pelear? ―pregunta Cruz a la pitufa.

― Tengo una amiga que me enseño defensa personal cuando nos conocimos. Me intereso demasiado, que acudí a clases de pelea, y aprendí cuanto estilo de pelea hay.

― ¿Peleas siempre sucio? ―suelto sentándome viéndola con una sonrisa.

― Ganar es ganar, y créeme, nadie peleara limpio en este lugar. Observa tu entorno, úsalo a tu favor ―sea arrodilla tomando un poco de tierra ― Ciega a tus oponentes, golpéalos en sus puntos débiles. Nadie vera si lo haces de manera correcta, entre darte por vencida y luchar, elige siempre lo último. Porque si no haces todo lo que este en tu alcance, te llevara, y ahí será muy difícil rescatarte.

La empujo con fuerza levantándome. Pongo mi mano en mis costillas, jadeo con fuerza cuando el dolor se irradia por todo mi cuerpo. Pensé que estaba lista, pero no es así. Y ella no se contiene con los golpes, y es algo que agradezco, porque sus golpes son suaves a los que recibí cuando era una adolescente.

― ¿Cómo conoces a Pablo?

― Rollo de una noche ―me asombro y ella se ríe ― No te preocupes guapa, que es todo tuyo.

― Es más fácil que me enrolle contigo, que con unos de ellos guapa ―sonrió guiñándole un ojo viendo un sonrojo en sus mejillas ― Je peux te faire crier d'une manière très agréable, ma belle. (Puedo hacerte gritar de una manera muy placentera, guapa)

Me acerco viendo como retrocede, sonrió porque me encanta joderla de esa forma. Entonces su puño impacta contra mi vientre y caigo de rodillas. Toso queriendo recuperar el aire, y la veo con molestia.

― Maldita ―me saca la lengua y me quedo mejor en el suelo ― ¿Hace cuánto lo conoces?

― Hace muchos años, cuando éramos adolescentes.

― Ja, y yo pensé que era virgen y se guardaba para la correcta ―suelto, ahora se cómo lo molestare cuando lo vea de nuevo.

― ¿Qué más sabes hacer? ―hum cambio de tema.

― Se usar un arma y una navaja ―saco la navaja que sin ninguna razón siempre iba dentro de mi pequeño bolso al salir de fiesta y ahora va siempre en mi bolsillo.

Claro que nunca lo use porque tengo una amiga que salta contra el peligro. Mi corazón se estruja al pensar en la ojiverde que no piensa antes de actuar. Le muestro la navaja que Anielle me regalo hace unos años. El despliegue de su hoja es rápido mientras le enseño a usarla de una manera rápida como Anie me enseño.

Cuento con tres más las cuales deben de estar en algún rincón de la maleta que nunca deshice debajo de mi cama. Me quita la navaja haciendo un baile con ella entre sus dedos, es muy hábil. Eso no lo niego.

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora