Los días pasan, y la rutina que desarrolle con la pitufa se repite día con día. Madrugar se volvió parte de mi rutina, y por las noches, son solo segundos en que mi cabeza descansa sobre la almohada, para caer en un profundo sueño. Mis tardes, noches se basan en practicar y antes todo en escuchar a Pryanka, tragarme las ganas de contestar con sarcasmo y hacer lo que dice.
Pero verla trabajar en lo que le gusta, desenvolverse, y escuchar todo lo que hizo. Causa cierta sensación de molestia. Donde vaya, su apellido tiene reconocimiento, y es algo que me molesta. Porque todo eso lo consiguió al abandonarme. Y aun así cree que todo estará bien, solo porque me ayuda, como si eso fuera suficiente para hacerme olvidar lo que pase en su ausencia. Tal vez sería otro tipo de chica, si hubiera tenido una madre que me criara, y no ser criada por una institutriz que me veía más como un cheque en blanco.
― ¿Algún día me perdonarás? ―tan solo la veo terminando nuestra rutina del día.
Mi cuerpo se siente tembloroso. Un sudor se cuela en toda mi espalda. Y sería tan fácil decir que no. Pero quiero hacerlo, quiero perdonarla. Estos días en completa soledad, donde solo tengo mi mente, y verla trabajar con esfuerzo.
― Lo haré el día que te perdones a ti misma.
― ¿Perdonarme?
― Sí, por haber dejado a una pequeña niña en esa mansión. Por hacerla creer que era su culpa ―la veo a los ojos viendo el remordimiento. ― Yo quiero perdonarte, porque el resentimiento en mí, solo crece día a día, cuando te tengo delante de mí, solo quiero saber tantas cosas.
― ¿Qué cosas?
― ¿Valió la pena? ―me mira sin entender ― Valió la pena haberme dejado. Cada triunfo en tu vida, cada nuevo amor, cada nueva aventura, cada reconocimiento que obtuviste en tu vida cuando seguiste tú sueño. Dime madre, ¿Eso valió la pena?
―Tay...
― Cuando me digas que eso fue lo mejor para ti, y no para mí. Hablamos. No quiero escuchar la misma mierda de siempre. Mi padre siempre fue sincero contigo, sobre quien era. Pero al parecer, ambos decidieron no serlo conmigo. Si hubieras tenido el valor, me hubieras llevado contigo. Pero pensaste solo en ti. Así que no vengas con reproches ahora. Porque pienso solo en mí, y nada más. Adiós Pryanka.
Salgo de ahí directo a las caballerizas. Veo al hijo del capataz que me tiene preparado ya el caballo. Montar por las tardes, casi noche puede ser un poco relajante para mí. Y poder hacerlo, sin que más de seis personas me sigan, es tener un poco libertad. Es el único momento en que el ambiente no es tan caluroso, y el viento contra mi cuerpo, calma a los demonios en mí.
Al llegar al mismo lugar que se volvió mi refugio estos últimos días. Amarro el caballo al árbol mientras me siento en la hierba viendo el horizonte. Ver los atardeceres en este lugar, es diferente. La paz que me regala este lugar, no puedo obtenerla en otros lados.
― Dios mio. Como hare para decir lo que prometí nunca revelar.
― Hablar solos es de locos. ―Veo a Hayden caminar con lentitud, señala el otro árbol, para ver a su caballo pastando.
― Seguirme, eso sí es de locos. ―Suelta a reír, se sienta a mi lado para ver el horizonte.
― ¿Cómo te gusta esta vida de campo?
― Alguien me hizo amarla. ―Suspiro recordando a Emm.
― Ella fue demasiado importante para ti.
― Lo fue. ―Volteo a verlo para verlo con curiosidad. ― Ella será el amor de mi vida.
― Cuéntame de ella.
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Dejame Amarte | | Libro 1
RomansaTaylor aprendió que el amor es algo hermoso pero cruel. Lo único que conocía del amor era el vació que deja cuando se pierde... o es arrebatado. El amor puede ser el sentimiento más puro e incomprensible. Demencial y caótico. Confuso y absurdo. Una...
