Cuando estuve en el internado. Las chicas del internado, cuando el año estaba por terminar. Iniciaban con los planes de escribirse o llamarse. Yo tan solo las observa, analiza sus comportamientos dramáticos, y pues, en su momento, las juzgue. Nunca fui la persona que hacia amistades con el fin de tener conexiones. En su momento, nadie era digno de estar a mi lado. El reencuentro era entre abrazos, y algunas lágrimas. Lo cual, es exagerado.
Este momento, no se siente así. La chica que ahora abrazo, es alguien de la cual conozco tan poco. Hay pocas cosas con las que puedo relacionarla, y las mismas son cosas que la definen por completo. Pero lo único que importa, y lo que no olvido. Es que es hermana de Isabella, y una hermanita para Marley. Dos personas que aman a esta chica. El calor de su cuerpo, contrarresta un poco el frío en mí.
― Lo siento.
La suelto. Se aleja, sin mirarme a los ojos. Mi mirada busca su rostro pero cada contacto que hace, aumenta ese sonrojo. Se mira tan tierna. Su mirada recorre mi cuerpo, para ver mi mano. Su mirada capta algo, y lo siguiente que estoy haciendo es tomar asiento en un taburete mientras recoge su fea mochila.
― Limpiare eso. ―Señala la palma de mi mano.
Cuando la detallo, veo sangre. Pequeños cortes que no duelen. Aunque quiero decirle que no es necesario. Verla dejar sus cosas en la encimera mientras saca un kit de emergencia. Me hace guardar silencio. Ajusta sus lentes, con total concentración viendo el contenido. Saca lo necesario. Nunca en mi vida, vi frascos tan pequeños.
No dice nada. Tampoco yo. Que se supone que debemos de decir. Creo que una forma fácil de comunicarnos era por cartas. Levanta su mirada, y ese gris tormenta es a lo que me refiero cuando el clima esta por arrasar con todo. Inclina su cabeza, sus mejillas son rojas.
― ¿Qué pasa? ―Niego.
― Creo que esto es raro. ― Soy sincera. Su gesto pensativo me hace sonreír, de esa forma lenta.
― Tal vez, hemos hablados solo por cartas. Pero... ―Piensa. Toma asiento frente a mí sacando algodón y el mini frasco con líquido. Nuestras miradas se conectan. ― Tal vez... ―Niega. Habla consigo misma.
― ¿No me dirás?
― Solo no encuentro la forma de decir cómo me siento.
Asiento. Cuando alista todo, observa mi mano, me mira pidiendo permiso. Cuando la toca, percibo de nuevo ese calor en su toque. Generando que la piel fría de mi mano, sienta algo más que adormecimiento. Veo mi mano, el corte en mi dedo, un corte poco profundo en la palma con pequeños arañazos.
― Esto puede doler. ―Susurra con total atención en lo que hará.
― Un dolor conocido.
Eso llama su atención. Aparto la mirada. Recordar que tengo golpes en el rostro es lo último que paso por mi mente. Al menos no es de las chicas que pregunta cosas que sabe que no tendrá respuestas. Incluso, como una idiota, en algun momento desde que la vi y me abrazo, olvide todo lo que he pasado.
El primer roce causa un estremecimiento. Más no me aparto. La dejo limpiar algo tonto. Un pequeño corte. La delicadeza de su toque, lo percibo. Solo tres personas han limpiado mis heridas peores que estas. Pero el ser casi una desconocida para ella, y el trato que me demuestra la hace ser diferente.
Esa mirada verde cruza mis recuerdos, su risa, su toque, sus advertencias y su recuerdo remueven el puñal en mi corazón. Entonces cambia para ver una mirada que aterroriza a cualquier persona, la forma en que limpia mis heridas es distinto. La escena cambia, y veo a la ojiverde limpiando mis heridas hace pocos días.
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Dejame Amarte | | Libro 1
RomanceTaylor aprendió que el amor es algo hermoso pero cruel. Lo único que conocía del amor era el vació que deja cuando se pierde... o es arrebatado. El amor puede ser el sentimiento más puro e incomprensible. Demencial y caótico. Confuso y absurdo. Una...
