La compañía de Kamin y Jean, aligeran todo a mí alrededor. Aunque la atención está en las nuevas, no deja que sus miradas siempre estén en mí. Como si esperaran que tropezara, o solo sonriendo con orgullo cuando logro una pasarela correcta.
La mirada azul no pierde ninguno de mis movimientos. Ni mi mirada pierde ninguno de los suyos. Mi madre es más libre al referirse a mí, pero eso no significa que tenga privilegios. Recibo retroalimentación como todas. La larga fila esperando nuestro turno para desfilar.
― Hombros rectos, respiración controlada, mirada al frente.
No puedes fallar en algo como esto. Los nervios se enfrascan guardándose muy dentro de ti. El nerviosismo es suplantado por euforia. Tener presente siempre, que no vengo a llenar un legado es lo que hace que no caiga en la locura.
La tela contra mi cuerpo se siente ligera, el suave viento a penas mueve alguna hebra de mi cabello. Mirando siempre al frente, ignorando todo a mí alrededor. Ser observada como siempre desee. La sesión con los investigadores que llevan el caso siempre es lo mismo.
Detalles que sé de memoria, las vías de escape. La cuenta regresiva de días se acorta, es sentir la soga sobre mi cuello tensándose haciéndome ver que seré la carnada como ordene. Hacer todo este tipo de locuras para iniciar algo.
― Una vida dividida entre el peligro de la herencia de tu padre y la estabilidad que te ofrece tu madre. ―Comenta Nate sirviéndome un poco de agua.
― Es una forma de iniciar mi legado. ¿No lo crees?
Asiente mientras sigo haciendo mi rutina de ejercicios. Cada paso se siente como si corriera hacia el futuro que no puedo tener. Una mirada a algo que siempre desee con solo una persona a mi lado. Al no estar, qué más da que camino siga, tal vez este me lleve más rápido a su lado.
Termino de correr y tomo la toalla secando mi rostro. La respiración acelerada, los músculos de mis piernas tensos. El agua caliente en la ducha relaja todos mis músculos. Elijo una ropa deportiva y salgo de nuevo. El moreno me espera como siempre.
Al parecer ha tomado la decisión de acompañarme en los últimos días del mes de julio, y estar todo agosto conmigo. Bromeo con decirle que es mi guardaespaldas personal, el único que puede acompañarme hasta la ducha. Su risa aligera el ambiente, aunque algo en su mirada me dice que sucede algo más. No pregunto, porque de hacerlo tal vez este peor que él.
― Vamos con tu madre.
Me dejo guiar hacia un transporte diferente. El camino es rápido, nos permiten la entrada sin detenernos. En el ascensor vamos solo los dos. La tarde y noche se repite de nuevo. Como quien mira su película favorita una y otra vez, sin aburrirse.
Una habitación con tantas mujeres dentro, tiene su efecto. El mal humor tiende a persistir más de lo que deseo. Es como una gripe que no te deja, así que me alejo para evitar enfermar. Las maldiciones de mi parte no me importan, porque esperar un lugar de sonrisas y abrazos, sería el maldito infierno.
Jessica, la coach de modelaje, tiene el mismo mantra, un maldito monologo que recita para nosotros. Sacarla de su error que no era monologo, porque no se lo decía a alguien imaginario o a ella misma, hizo que su mirada penetrante estuviera sobre mi durante varios días.
― No sonrías Taylor. Cero expresiones. ―Su voz llega a mí oído sintiendo su suave aliento.
Evito moverme, porque su cercanía no me agrada. Diría que es solo conmigo, pero es con varías. Tal vez su trabajo es ponernos nerviosas, no lo sé. Pero no le doy ese poder. La adrenalina que recorre mi cuerpo durante la pasarela frente a todas las modelos es un calmante.
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Dejame Amarte | | Libro 1
RomanceTaylor aprendió que el amor es algo hermoso pero cruel. Lo único que conocía del amor era el vació que deja cuando se pierde... o es arrebatado. El amor puede ser el sentimiento más puro e incomprensible. Demencial y caótico. Confuso y absurdo. Una...
