Capítulo 46

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Abril 16

Lo que pudo ser un día productivo, fue un día encerrada en la habitación mientras repasaba lo que debía de hacer al volver a casa. Los planes que deseo que se pongan en marcha antes de aparecer. La única forma de que se lleve a cabo, es pedir que Hayden sea mi intermediario. Tiene el suficiente encanto, para convencer a quien desee.

― Creo que eso puede funcionar. ―Se me ocurren las mejores ideas cuando estoy encerradas.

«Claro que no.»

Durante todas las juntas en las que asistí con mi padre, fui testigo de lo eficaz que lograba ser su secretaria. Por lo que estar con la cabeza metida en todo, fue una de las maneras en las que aprendí demasiadas cosas de los negocios. Ajusto los lentes mientras una migraña inicia a desarrollarse. Este es un contrato fácil, no hay trampas, solo beneficios para ambas partes.

― Una asociación beneficiosa.

Cuando termino el primer borrador siento la pesadez del día. Leer durante toda la mañana y tarde fue un caos. Tratar de entender demasiadas leyes, es casi imposible para mi mente en este momento. Pero también fue esa forma de evitar que mi mente divagara por ese camino. Me quito los auriculares que tome prestados, estiro mis manos hacia arriba. La sensación que experimentan mis músculos me hace querer soltar un ruido satisfactorio.

Escucho pasos que se acercan a la habitación. La puerta se abre, y por el espejo a un costado. Observo a mi divina, hermosa y nada interesante roomie. Con su misma aura de misterio. Esta vez trae un conjunto más juvenil que la hace ver enserio, como una chica normal. Diría que ronda casi mi edad, o tal vez, es un poco menor.

― ¿No irás a cenar? ―Ve lo que hay en la mesa.

― Pediré algo a la habitación más tarde. ―Asiente. Sin ningún pudor la veo desnudarse hasta estar en ropa interior. ― ¿Qué tal tus charlas? ―Le sonrió.

Quiero hacer amena estas dos semanas. Aunque somos desconocidas, siempre podemos congeniar en ciertas cosas. Me mira, con un gesto interrogante. A veces, cuando me lo propongo, puede interesarme la vida de alguna otra persona.

― ¿Qué quieres? ―Porque la gente piensa siempre que deseo algo.

― Me ofendes, quiero saber cómo ha sido tu día.

― Ja, déjame dudar de tu interés. ―Me volteo cuando la veo quitarse la poca ropa que posee. ― He estudiado tú perfil. No he convivido contigo, pero si con muchas como tú.

― No me englobes en la palabra todas. Soy una persona muy diferente.

― No soy ninguno de tus padres, o un amigo, o alguien a quien puedas pedirle permiso para hacer lo que ha rondado tu mente todo el día. Sos una adulta, toma tus decisiones y ya.

Mentiría si dijera que ese algo, ha rondado mi mente todo el día. Pero es que vamos, se me fue quitada la opción de elegir por un tiempo. El tenerlo de vuelta, de cierto modo es raro. Es volver a respirar por mi cuenta, o al menos, esa es la idea que yo tengo de ello.

― ¿Sabes dónde está mi abuela?

― Esta en la casa de tu padre. El informe dice que estará los días siguientes, desconozco la razón, pero sus abogados han sido convocados.

― ¿Enserio? ―Asiente.

Eso es algo raro. Ella odia todo contacto con los abogados de la familia. Encuentra los trámites un poco fastidiosos para su edad. Alguna buena razón hizo que los convocara. Ella me observa, esperando algo más pero niego.

― Es lo único que sé. Tú padre viajo con su esposa, desconozco su destino. ―Creo que eso es algo normal.

― ¿Mi madre?

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora