Epílogo

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POV Emma

Mi cuerpo tiembla sin control. Manos manchadas de su sangre. Por un segundo volví a ser esa chica tierna que deseaba solo el abrazo de su madre. Y ese maldito segundo fue suficiente para bajar la guardia. Veo hacia la puerta, esperando noticias de su estado.

La mirada de todos está sobre mí. Pero me he negado a irme, y no desean un escándalo por lo que no me echan. Una pequeña discusión tiene mi atención para ver como la persona que menos espero, es la primera en acercarse. Las similitudes con su hija son muchas. Me tiende un café pero veo hacia al frente.

― No gracias. ―Toma asiento a mi lado. ― No te invite a sentarte.

― Bueno, ellos no te quieren en este lugar y aquí sigues.

No discuto. Porque razón si tiene. Me levanto dejándola sola. Camino hacia los baños donde quiero quitar su sangre. La escena se repite una y otra vez en mi mente. Ver el gesto triunfante de ese idiota, sé que solo fue una advertencia. La única forma de que ella este a salvo es irme con él.

Froto mis manos con tanta fuerza, me quito el saco tirándolo. La camisa blanca cubierta de sangre. Las lágrimas queman con salir, pero hace mucho no lloro por algo. Ni siquiera las golpizas que recibí, las torturas que me hicieron inmune a muchas cosas. Alguien me toma por detrás tirándome contra los lavados. Ignoro la sacudida de dolor sacando el arma apuntando hacia mi atacante.

― Te advertí que te alejaras de ella. ―Me mira con ira. ― ¿Vas a dispararme?

― Largo. ―No bajo el arma.

― Sí disparas nunca te lo perdonara. ―Quito el seguro.

― Así como nunca le perdonara esto. ―Me pongo de pie. La vena en su frente se marca. La mandíbula tensa. ― No perdonara que la alejó de su madre. No perdonara el trato que hizo con mi padre. No perdonara el que desea traicionar a sus amigos.

― Baja el arma Quinn.

Esa voz llega detrás, para ver a dos figuras aparecer reparando en ambos. No desisto, a ninguno de ellos le sirvo muerta. Y tenerme con vida, solo traerá problemas.

― Son unos bastardos. ―Veo al señor McLean antes de que salga. ― Usted es un estúpido. Una marioneta más, una ficha de la que se...

Caigo de rodillas cuando una descarga eléctrica me golpea y veo a la estúpida de Constanza. Un golpe me manda directo al suelo. Su error es creer que soy indefensa. Arremeto contra ella, su espalda cae directo contra los lavados rotos. Mi instinto me dice que debo de luchar o me matarán.

Tomo el cuchillo que siempre trae, apuñalo la vieja herida que le hice. Corto para causar un daño irreparable. El me alejan de ella. Sus golpes van directo a mi abdomen. Ella viene contra mí con la poca fuerza que le queda, alguien la detiene. La mirada verde de Fabrizio es sadismo crudo. Apuñala mi costado. La sensación de la hoja afilada me estremece.

«Será el primero en morir.»

― Es suficiente. ―Dice Massimo, el más benevolente. Tal vez el único que tiene una pizca de gratitud hacia mí. ―Déjala.

Me suelta, me sostengo de la pared con dolor en todo mi cuerpo. Escupo sangre a sus pies para ver que desea terminar el trabajo. El cuchillo evita que me desangre, y él lo sabe. Se acerca, sigo inmóvil y lo arranca de mi cuerpo. Mi mano tapa la herida, pero se filtra entre mis dedos. Veo la escena de Taylor en mi mente, y sé que es culpa de ellos.

― Voy a matarlos. Si ella muere, voy acabar con todos ustedes.

― Esto pasa cuando quieres jugar con nosotros. ―Lame la hoja probando la sangre. ― La traición se paga Emma.

― Solo dinos lo que deseamos saber.

Camino pasando por su lado. La piel se me eriza ante el leve toque de Massimo. Un secreto es lo que mantiene todo como esta. El amor que siente mi padre por mí, lo hizo contarme tantas cosas. Una de ellas, es que es el único que puede probar quien es el heredero. Alguien que vio crecer. Me eligió sobre mi hermano. Busca una llave que Taylor ya no tiene. Ir por ella fue un reto, pero la conozco tan bien que sabía dónde la había guardado.

― Nunca me detendré hasta obtener esa información. ―Dice antes de dejarlos solos.

Mis manos en mi costado no detienen una mierda. Cada paso es más pesado que el otro. Cada musculo de mi cuerpo duele. La pared es mi guía y los pasillos están desiertos. La boca se me seca deseando tomar algo refrescante. Pasos apresurados, alucinaciones de las veces que intente huir.

"Mantenla viva" "No escapare más" "Seré la hija que deseas." "No miento."

Cada palabra duele. Cada recuerdo regresa las pesadillas que viví. La forma en que deseo que la odiara con todo mi corazón. El resentimiento que crecía en mi interior, y la única vez que pude matarlo no pude. A pesar de ser un monstruo, es mi padre.

Me recuesto en una pared, resbalo hasta estar sentada. Mis dedos hurgan en la herida. La viscosidad hace que no encuentra nada, hasta que lo percibo. Una puerta se abre, pasos se acercan. Alejo sus manos de mi herida y pongo sobre su palma mi vida.

― No puedes dárselo a nadie. ―Su mirada verde me mira sin entender. ― Si amas a Taylor, promete que no se lo darás ni siquiera a Anielle.

― Yo...

― Promételo por el amor de Dios. ―Es una súplica.

― Lo prometo.

Me pongo de pie, ignorándola. Camino hacia el ascensor, sostenerme es dificil. Antes de si quiera caerme, unos brazos me sostienen. Me aferro a ella con fuerza. Sabe que no puedo volver, la determinación en su cara me dice que no me dejara. Me lleva a un auto dejándome en la parte trasera.

Cuando el auto se pone en movimiento, promete que me llevara con alguien que puede ayudarme. Me siento a salvo aunque la pérdida de sangre me hará perder el conocimiento.

Esto solo es un bache en el camino. Me permito llorar, y sentir. Recordar las mentiras en la que mi vida fue envuelta. Quien nos da la vida, también es la persona que nos quite las ganas de vivir. El como nunca pude huir por un trato que jugó encontra de Taylor y de mí.





10.01.26

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora