Capítulo 50

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La incertidumbre sobre lo que paso, solo hace que el resultado sea inconcluso. Lo último que deseo es pasar tiempo con la mano de los gemelos. Pero la hubiera soportado para descubrir el rostro detrás de la otra enmascarada. Hay demasiada información incompleta, que mi mente crea locuras.

Hay recuerdos que se siente dolorosos, no rasgan la piel. Son la herida. Juego con el juguete en mis manos. Pocas veces deseo que todo sea un sueño. Despertaría y lo primero que haría sería decirle cuanto la amo. Luego la traería a España conmigo.




⭒⭒⭒⭒☾ Flashback ☽⭒⭒⭒⭒



― ¿Qué quieres ser de grande? ―Detiene el movimientos. Se rasca la mejilla dejando rastro de harina.

― Fotógrafa profesional. ―Asiento.

― Me parece perfecto, sería la esposa de una artista. ―Sonrío como idiota para sentir harina en mi rostro. ― ¡Oye!

― Deja de bromear Odette. ―Me señala con una paleta de madera.

― No bromeo. Tú serás la creatividad y yo la gestión. ―Salto de la encimera evadiendo su golpe. ― Imagina lo hermosa que nos veríamos acaparando las portadas de las revistas.

― Taylor.

― Emma Robbins, fotógrafa profesional contrae nupcias con la encantadora, hermosa, inteligente, bella, magnifica heredera McLean.

Suelta una risa que me hace dejar de soñar despierta. No es necesario soñar, porque ahora lo tengo. Me abstengo a observarla, a moverse con facilidad en la cocina. Creo que sería una maestra perfecta si decido aprender a cocinar. Las pequeñas miradas que me dedica me hacen verla con amor.

― Deja de verme de esa manera Odie. ―Evito verla de mala manera ante ese apodo horrible. ― Mejor ven y ayúdame.

― Como lo ordene mi amor.

Me tira más harina. Estando a su lado, me enseña cómo hacer la masa para las galletas. Los simples toques de nuestros brazos hacen estragos. El sonrojo de sus mejillas mientras explica algo sobre el cacao que traerán para que ella misma realice su chocolate.

Su sencillez, su inocencia me han hecho caer totalmente enamorada. Tratar de distraerla solo causa que me regañe, y a su vez, que me prohíba comer galletas. Cuando la última bandeja de galletas se pone al horno. Me acerco y la abrazo. Sus brazos me rodean.

― Me haces feliz mi Emm. ―Me alejo un poco para ver ese lindo sonrojo. ― Te quiero señorita Robbins.

― Te quiero sin importar las locuras que digas, eres mi Odie.

― Maldición. ―La tomo en brazos dando vueltas escuchando como su risa llena de vida la cocina de mi abuela. ― Me casare contigo.



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Mi corazón siente tanto, que tal vez la única forma en que muera es de desamor. El amor es el proceso más lento que puede haber, al menos para mí, y dejar de sentirlo toma su tiempo. Tal vez por esa razón no he muerto, porque así como ame también debo de sufrir. La puerta se abre, y veo entrar la rusa.

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora