Capítulo 37

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En cuestión de horas, un helicóptero nos esperaba. Los autos nos movilizaron a donde esperaban por nosotros. Mientras volábamos la noche, nadie podría borrar la sensación que sentí mientras solo bailaba olvidando todo. Los demás tuvieron que regresar en auto, solo Hayden, Pablo, Sarde y yo íbamos con el piloto. La única diferencia es que esta vez el helicóptero descendió detrás de la hacienda.

Todos los autos estaban fuera, estacionados en la parte delantera, tal vez después de todo el saber que al fin estaba de regreso, hizo que todos volvieran de una cacería. La voz de Hayden llena mis oídos, y solo asiento a lo que dice. Ningún regaño quitara la sensación de este día, no dejaré que nadie me robe mi felicidad temporal. Al descender, no espere a nadie.

― Por fin, gracias.

Salto con una gran sonrisa que nadie borrara. Mis pies sienten la tierra suelta, los zapatos han quedado perdidos. Mi cabello va en un turbante, mismo que me regalo la morena. Una ronda de tragos gratis fue un regocijo para todos. Una simple margarita pude tomar cuando mi tiempo se acabó, y fui arrastrada al helicóptero. Camino con rapidez, para ver salir a Nate con los brazos cruzados. Una gran sonrisa cubría su rostro.

― Taylor...

― Aprendí a bailar algo hermoso Nate... ―Abro los brazos al cielo. ― Este lugar es hermoso, se ha robado todo de mí... y también mi dinero...―suelto a reír. ― Pero también regale billetes a unos jóvenes que casi, digo casi, porque les patearon el trasero a los chicos al inicio, luego intervine yo.

― Taylor...

― Maldición, estoy amando un lugar sin siquiera saber exactamente que parte es. Regalaría dinero... vi un partido por primera vez, y dejo claro que ganamos porque soy buena entrenadora.

― Taylor... ―suelto a una risa no dejando que continúe, no quiero que arruine mi noche con regaños.

La felicidad es tanta. Lo tomo de las manos bailando, puede que unos crean que es vergonzoso. Pero estoy feliz, olvide la última vez que estuve así. Canturreo una canción que ambos sabemos. Hayden cruza los brazos riendo cuando Nate me sigue. Doy vueltas mostrándole como bailo esa morena, mis pies son veloces en la arena levantando una pequeña nube de polvo.

Toma mis manos, y me detiene, le sonrió. Entonces todo queda en silencio, y solo mi respiración acelerada rompe el silencio. Lo veo con duda, con incertidumbre, esperando algo. Entonces se forman esas arrugas alrededor de sus ojos, y veo como se enrojecen evitando soltar esas lágrimas. Me enderezo al sentir una mirada puesta sobre mí, busco los ojos de él.

Mi labio inferior tiembla, y niego. No puedo ser lo que creo. No quiero que sea eso, no quiero. Niego sin tener la menor idea de qué pasa. No quiero que sea un sueño, no quiero pensar que me quede dormida en el helicóptero, y sea un sueño que juega con las ansias de querer verla, de querer abrazarla a ella.

― Tay... ―se escucha en un hilo de voz detrás de mí.

«Dios.»

Eso me pone alerta, mi piel se eriza por completo ante el sonido de esa voz. Las manos de Nate evitan que caiga y solo puedo verlo a los ojos, y esa sonrisa nunca flaquea en él. Un nerviosismo se genera en mí, la cantidad de sensaciones que siento por ese simple tono de voz, por la persona que lo dijo, me hace querer echarme a llorar como una cría.

Ser capaz que alguien pueda hacerme tan vulnerable por el simple hecho de hablarme. De poder romperme con un simple nombre, es volver a sentirme perdida en la mansión cuando mi madre me dejo. Es ser esa niña que hirieron con solo palabras, con solo acciones. Es romperme, como solo una vez lo han hecho. Ella es capaz de derrumbar todos los muros que por años construí.

Dejame Amarte | | Libro 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora