Consideraba a Yoongi como el amor de su vida, pero tenía una extraña debilidad por Park Jimin
Quizá por eso empezaron los problemas.
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✈︎ Historia 100% mía.
✈︎ No copias, No adaptaciones sin mi permiso.
✈︎ JIMSU como...
El momento incómodo se extendió otras dos horas, hablando sobre la boda y los mil eventos que habría después, aprovechando el impacto que causaría en los medios.
Para Yoongi la conversación se había agotado hace rato, así que ahora se limitaba a ver vídeos en su celular sin prestar la más mínima atención y sin importarle la forma en la que todos le lanzaban miradas reprobatorias de vez en cuando.
Al menos le hacía sentir tranquilo el hecho de que estaban en un lugar público; por más que su padre se retorciera de la ira en la silla, no podía hacer mucho más que mirarlo para demostrarle lo mucho que lo detestaba en ese momento.
Desde el momento en que nació, mejor dicho.
El restaurante debía ser realmente fino, porque una mesa se desocupaba y al instante ya estaban ingresando otras personas para ocuparla. A pesar de aquel ajetreo, en el lugar reinaba un silencio, solo roto por voces bajas y educadas.
Sí, educadas.
Los mayores se fueron, y él estaba por hacer lo mismo, pero un agarre —suave, para variar— en su brazo, lo detuvo.
— ¿Qué quieres? — su tono reflejaba a la perfección el hastío que seguía sintiendo por Park Jimin, quien lo miraba entre sorprendido y firme.
— Tenemos que hablar — fue directo, mirándose los zapatos unos segundos antes de verlo a los ojos otra vez.
Hubo una pausa algo prolongada, en la que Yoongi consideró irse.
>> El rosado te queda bien — dijo finalmente entre dientes, con la mandíbula apretada, como si le hubiera confesado que había comido estiércol para el almuerzo, pero con los ojos brillando de una forma extraña.
Yoongi frunció el ceño.
— Lo sé, ¿algo más por lo que estés ocupando mi tiempo? Tengo cosas que hacer — no mentía y aunque lo hiciera, prefería pasarse la tarde acostado mirando al techo antes que hablando con ese hombre.
Jimin resopló por la nariz, la tensión se marcó un poco más en su rostro y por un momento dio la impresión de que sus dientes iban a romperse bajo la presión.
— ¿Por qué tienes que hacerlo todo tan difícil? Sólo quiero tener una buena relación contigo — de nuevo, sonaba como si le costara un esfuerzo enorme decir eso.
Yoongi alzó las cejas, con una sonrisa pequeña de labios cerrados.
— Pues yo no. Creí que eso estaba claro.
Si sus palabras le habían afectado en lo más mínimo, el mayor no lo dejó ver. En su lugar, se acercó un par de pasos más. Él volvió a alejarse y se dio la vuelta nuevamente, con la intención de dejarlo plantado allí, pero sus palabras lo detuvieron.
— Vamos a casarnos — se notaba que ese era su último recurso — ¿soy tan malo por querer que funcione? — su voz sonaba extraña.
Yoongi volteó sólo el rostro esta vez, susurrando las palabras casi sobre los labios ajenos.
— No intentes manipular la situación, Park. Nunca me gustaste, te odiaba y eso lo sabes — el veneno acompañaba cada palabra enunciada — debiste pensarlo mejor antes de obligarme a casarme contigo.
— Nunca serías feliz con Jungkook, él no puede darte lo que yo sí — la mención de ese nombre sólo sirvió para acrecentar su furia. Su mirada se oscureció, mostrándole a Jimin una nueva expresión.
— Esa era MI decisión — le dijo, señalándolo — ¿sabes algo? Tu dinero no significa nada para mí. Si confías en eso como tu único atributo, estás más vacío de lo que pensé.
Esta vez Jimin no lo siguió.
Para su sorpresa, afuera del restaurante lo esperaba su padre, con una expresión más agria de lo usual. Puso los ojos en blanco mientras se acercaba, porque de todas formas estaba frente a su auto.
— ¿Qué fue eso Min Yoongi? — le preguntó en voz baja, señalando el restaurante.
Yoongi sonrió de la forma más dulce e hipócrita que pudo.
— Ahora es Park, papi — for the record, nunca había llamado a su padre de esa forma, y ni mencionar lo mucho que le asqueaba el referirse a sí mismo por el apellido de ese idiota.
Su padre alzó la mano a la altura de su pecho, cerrada en un puño que tembló levemente antes de bajarla de nuevo, como si recordara que seguían en la calle a plena luz del día. Lamentable, la verdad. Preferiría que todo el mundo viera quién era en realidad, tras la fachada de familia perfecta e imperio indestructible.
Pero esa una sería tarea para otro día.
— Déjate de juegos, jovencito. No vas a arruinar esto — Yoongi asintió.
— No estoy jugando — aseguró, conservando esa sonrisa. —Y no te preocupes, no voy a arruinar nada. Me alegra que hayas encontrado el hijo que siempre quisiste — le palmeó el brazo un par de veces.
Su papá lo miró como si no lo reconociera, no lo culpaba. Ni siquiera él mismo sabía de dónde había salido esta nueva versión suya.
O bueno, sí lo sabía. Había sido forzado a florecer en medio del dolor para no dejarse aplastar por él.
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