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Si algo le encantaba a Jimin en la vida era ver el ceño de Yoongi fruncirse, primero porque fastidiarlo era muy sencillo y segundo porque podía imaginarlo con facilidad bajo su cuerpo y sus sábanas.

En ese momento la expresión de su amado se debía a que ambos estaban sentados uno al lado del otro en el comedor de cristal de dieciséis puestos en la mansión de los Park. Sus padres también estaban allí, pero poco se percataban de su interacción cuando estaban más ocupados celebrando el futuro de sus negocios una vez sus hijos se casaran.

— Podemos posponer el lanzamiento de la tablet nueva para después del matrimonio, ese debe ser el evento principal — comentaba emocionada la señora Park. Sus barreras iniciales para con los Min habían sido todas derrumbadas con facilidad al comprobar que su hijo no había cometido un error al elegir nuevos socios.

Además, Yoongi era perfecto, ¡era un doncel! Algo muy difícil de encontrar.

— Concuerdo completamente, ya mi secretaria tiene siete opciones para el lugar de la recepción. Eran veinte, pero descarté algunos porque me parecieron muy corrientes. Muchos son hoteles de cinco estrellas, pero tengo uno que me gusta particularmente porque es una playa privada, podemos controlar mejor el ingreso de la prensa así — contestó la señora Min. Los esposos asentían, también felices por el futuro brillante que se avecinaba para casi todos los presentes.

Por otro lado, a Jimin le apretaron los pantalones cuando Yoongi lo pateó después de que él intentara acariciarle la pierna, esa piel tersa que sabía que se ocultaba bajo ese traje lo llamaba y se le hacía una tentación casi irresistible. La lucha de su adverso sólo aumentaba su deseo por poseerlo. Y casi bailaba sobre las puntas de sus pies al saber que pronto lo haría.

Yoongi sería suyo a cualquier costo. Nadie iba a impedirlo.

— Me das asco, imbécil. Nunca me casaré contigo — en respuesta a su ridículo intento de amenaza Jimin le sonrió más abiertamente e incluso se rió por lo bajo, con ese tono sarcástico e irónico que tanto aborrecía.

— Di lo que quieras corazón, pero hecho ya está — su postura demostraba confianza, la seguridad que tenía cualquier persona a la que nunca se le ha negado nada y que cree que el mundo entero está a sus pies.

A Yoongi le frustraba muchísimo confirmar que, al menos por el momento, la situación era así. Se sentía acorralado por las circunstancias.

Ambos interrumpieron su conversación cuando Youngjae les habló.

— ¿Ustedes tienen algo en la agenda para el fin de semana? Anunciar su compromiso en la gala benéfica que organizamos cada año será la ocasión perfecta. A como van las cosas la boda debería llevarse a cabo en un mes — a Yoongi le dolía ver la sonrisa brillante de su padre en ese momento. Nunca hizo aquel gesto cuando él le mostraba algún logro.

Parecía que el único valor que tenía para él era casarse con un hombre igual de podrido en dinero o más como Jimin. Y tener hijos, por supuesto.

— Por mi lado no hay ningún problema — respondió él, adoptando una postura más seria de la que tenía ahorita mientras lo molestaba.

— Yo-

— ¡Excelente! Está decidido entonces — interrumpió el señor Park.

Yoongi quería salir corriendo de allí.

— Creo que no tienen que preocuparse de ningún detalle en la gestión de la boda. Nosotras podemos hacernos cargo fácilmente — miró a su mamá, como esperando que ella viera la tristeza en sus ojos y cuanto le disgustaba la situación, pero ella apenas y podía pensar en otra cosa que en conseguir a los mejores diseñadores para hacer las invitaciones perfectas y confeccionar los trajes más adecuados.

La noche se arrastró lenta, con pereza, la charla se había agotado en cuanto la comida fue servida. Yoongi miró su plato con desgano, creía tener el estómago cerrado después de recibir un golpe tras otro por parte de la vida sin ningún tipo de piedad.

Consiguió retirarse de la mesa sin parecer maleducado cuando la conversación se hizo más trivial y ya nadie le prestaba ninguna clase de atención. Salió al balcón que había lo suficientemente lejos como para que nadie desde el comedor pudiera ver sus acciones y sacó su celular de su bolsillo. Tenía más de cincuenta mensajes de Jungkook donde este le rogaba su perdón y le decía que haría todo lo posible para mejorar.

Largó un suspiro, decir que iba a dejarlo era una cosa, pero hacerlo era en extremo difícil. Aunque en cuanto se anunciara el compromiso en una semana, inevitablemente todo terminaría. Esa posibilidad siempre estuvo allí, Yoongi lo sabía porque rara vez la gente rica se casaba por amor, aunque estuvieran en el siglo XXI.

Estaba tecleando una respuesta con las lágrimas en los ojos cuando sintió unos brazos rodearle la cintura por detrás. Aquello lo hizo tensarse en automático.

— ¿Todavía sigues hablando con ese idiota? Espero que sea para terminarle — le susurró Jimin en una voz baja y más grave de la usual. Intentó girarse para darle la cara, pero con facilidad él lo retuvo en su lugar — quieto.

— Lo que haga con mi vida personal no te incumbe, no quiero casarme contigo — dijo en un tono que disimulaba bien su silencioso llanto. Lo había aprendido con los años.

— Es una lástima, porque va a pasar y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.

— ¿Por qué me estás haciendo esto? Ni siquiera te gusto — esta vez su tono flaqueó un poco y se obligó a recuperar la compostura.

Jadeó cuando Jimin apretó más el agarre en su cintura.

— ¿Quién te dijo que no me gustas?





Ayayayayay, ¿QUÉ? 😳

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Ayayayayay, ¿QUÉ? 😳


J. O. Y | JimSu/ KookgiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora