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Con cada crisis, viene un cambio de look, ¿no?

Bueno, digamos que se había ido un poco la mano para lo que estaba acostumbrado, pero decir que estaba arrepentido sería mentira. Su reflejo le devolvía a un Yoongi con el cabello hasta los hombros, cortado en capas, con varios mechones rosados, un septum plateado que aún dolía, una perforación en la ceja izquierda y un delineado negro bastante prolijo en sus ojos.

Se arregló el fleco viéndose en el espejo del carro antes de bajar, no había vuelta atrás. Le tiró las llaves al chico encargado del valet sin mirarlo dos veces.

Por si no se nota, salió de compras ese fin de semana.

Entonces, caminó los pasos que lo separaban del restaurante de fina etiqueta donde se reuniría con su futuro esposo, sus suegros y sus padres para hablar de no sabe qué, probablemente más detalles de la boda, que literalmente estaba en puertas y que tenía a todos emocionados.

Incluyéndolo.

Según sabe, las invitaciones fueron enviadas. Quinientas personas ya habían confirmado su asistencia y honestamente se compadecía mucho del ejército que estaba trabajando arduamente en función de lo que para los medios sería el evento del año.

Había que servirles un buen espectáculo.

Empujó la puerta gruesa de cristal, entrando con una sonrisa galante y en un crop-top negro semitransparente que reemplazaba las camisas de seda y algodón en colores suaves que siempre utilizaba combinado con un cargo a juego, en lugar de los pantalones de lino que acostumbraba y el toque final: unas botas enormes con cadenas que resonaban a cada paso.

Ninguno de los presentes lo había visto desde el desastre en la universidad con los afiches que comprometían su integridad. Había pasado casi un mes y probablemente sus padres ni siquiera se enteraron de lo sucedido.

O simplemente no les importaba.

Mientras caminaba hacia allí, varias personas en traje y vestido de gala lo miraron de reojo, pero los ignoró. Su padre también lo vio, pero no pareció reconocerlo, era imposible que su único hijo, que siempre vestía apropiadamente y a quien hace apenas unas semanas había llamado hermoso, estuviese presentándose así a un almuerzo tan importante.

No era su Yoongi.

Tiró su mochila al suelo junto a la mesa haciendo un ruido estridente a propósito y luego se dejó caer en la silla, cruzando los brazos. Fue entonces cuando la animada conversación se detuvo y todos los ojos se pusieron sobre él. Conservó su sonrisa.

Su padre no demoró en fruncir el ceño, Jimin, quien estaba sentado a su lado también lo miró con algo parecido a la ira, se estaba poniendo rojo del rostro. Su madre se llevó la mano a la boca, y sus suegros se miraron entre ellos antes de mirar a su hijo.

— Buenos días, familia — dijo, con cierto sarcasmo, inclinándose ligeramente sobre la mesa — ¿de qué estábamos hablando? — le robó uno de los panecillos a su padre, con un guiño y le dio un mordisco.

Porque además...

— Llegas tarde, y ¿por qué vienes vestido así? — fueron las palabras de su madre, que finalmente abandonaba ese estoicismo hipócrita para mostrarle un gesto irritado. Se encogió de hombros, masticando con tranquilidad.

— Es lo que se está usando.

— ¿Qué mierda te hiciste en la cara? — fue la pregunta de su padre, dicha entre dientes. Casi se ríe al ver cómo retorcía el mantel entre sus dedos.

— Dicen que es de la suerte, ya sabes... Esto de la boda me tiene nervioso — dijo, con exagerado dramatismo, dándole otro mordisco al panecillo.

Jimin se inclinó para susurrarle.

—¿Quieres dejarme en ridículo? — entonces apretó su muslo bajo la mesa y en respuesta él le dio una poco disimulada patada en la espinilla, que sacudió los platos allí y que hizo que las cadenas resonaran. Lo soltó, jadeando mientras se sobaba el golpe.

— Creo que eso puedes hacerlo tú solo, amor — dijo, en voz alta. Sus suegros aún parecían en shock, pero sabía que estaban juzgando la elección de Jimin.

— ¿Crees que puedas acompañarme un momento, cariño? — preguntó su mamá, intentando volver a contenerse. Dejó salir una risita.

— No, no lo creo. Si quieres despotricar sobre lo mucho que te avergüenzo y luego exigirme que me comporte como el doncel que soy, puedes hacerlo aquí.

Su madre abrió los ojos de más. Su padre comenzó a ponerse rojo también.

>> ¡O no lo hagas! Total eso todos lo sabemos ya. Pasemos a lo importante, la maldita boda.

— Min Yoongi...

— ¿Sabe qué señor Min? — interrumpió Jimin, tomando su mano ahora por encima de la mesa — mi prometido tiene razón. Creo que deberíamos comentarle los detalles.

El estómago se le revolvió un poco, pero Yoongi mantuvo su sonrisa.












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J. O. Y | JimSu/ KookgiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora