Consideraba a Yoongi como el amor de su vida, pero tenía una extraña debilidad por Park Jimin
Quizá por eso empezaron los problemas.
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✈︎ Historia 100% mía.
✈︎ No copias, No adaptaciones sin mi permiso.
✈︎ JIMSU como...
Jimin se había unido al equipo de básquet de la universidad por tres razones muy importantes:
Primera, le encantaba escuchar los gritos y halagos de las chicas e incluso algunos chicos cada que lo veían llegar o se levantaba la camiseta fingiendo secarse el sudor del rostro durante el medio tiempo.
Segunda, era un descanso en medio de las reuniones de negocios, los planes que tenía para MinTec, que pronto sería suya y las personas que aún lo veían como un niño a pesar de haber probado que era perfectamente capaz de sacar una compañía adelante.
Tercera, obviamente adoraba ver a Yoongi frustrarse en cada práctica porque no tenía la misma facilidad que él para formar músculo y cada que podía él alardeaba acerca de ello. También, era muy divertido ahora darle besos en la mejilla o abrazarlo cada vez que lo veía.
Por eso, cuando vio al ahora pelinegro hablando con Namjoon, no dudó en acercarse con la mochila de prácticas al hombro y una sonrisa totalmente triunfante.
— Nam, te juro. No sé cómo haces para estudiar dos carreras a la vez. — Al ver la sonrisa de hoyuelos del chico, Jimin abrazó a Yoongi por la cintura y lo acercó a su cuerpo haciendo que el mismo se sobresalte. Le dio un sonoro beso en la mejilla justo después.
— Mi amor, te estaba buscando. — El menor frunció el ceño, abriendo la boca como si quisiera refutarle algo, pero Jimin elevó las cejas, como retándolo a hacerlo.
Te odio — expreso en su mirada.
Su propia sonrisa adquirió un matiz burlón, pero no lo soltó.
Namjoon los miró a ambos, extrañado por la interacción. Los últimos tres años sólo los ha visto discutir por estupideces, ignorarse o burlándose el uno del otro. Jimin burlándose del menor en la mayoría de ocasiones.
— ¿Me perdí de algo? — Yoongi relajó un poco su gesto al escucharlo, forzando una media sonrisa para su amigo.
No valía la pena negarlo, el evento iba a ser anunciado pronto.
— Cierto, me voy a casar. — A pesar del esfuerzo, su voz no transmitió ninguna emoción.
— ¿Qu- ¿¡Con Jimin!? — el mencionado asintió, tomando la mano de su prometido para enseñar el anillo del que estaba muy orgulloso, pero su gesto se deformó en una mueca al notar que no lo traía puesto.
Su sonrisa flaqueó apenas un segundo, la máscara volviendo a su lugar rápidamente ¿Todavía se atrevía? Pues él no tenía problema en recordarle que sería suyo.
Que ya lo era desde que fijó sus ojos en él por primera vez.
— Sí... Larga historia — dijo Yoongi, sin darle importancia a la bruma de pensamientos oscuros formándose en la mente contraria.
Jimin decidió no quedarse con ello y esta vez lo rodeó con ambos brazos, apoyando su mentón sobre su hombro y acariciándole el abdomen. Yoongi se tensó, pero no se quitó.
— Creí que se odiaban. Supongo que es cierto lo que Freud decía sobre el amor y el odio complementándose — el pelinegro asintió a sus palabras, manteniendo esa sonrisa extraña, Jimin lo apretó más contra su cuerpo.
— Si Yoonie me ama, Nam. ¿No te contó? — el mayor pasó su mirada de uno al otro, esperando la respuesta con una mirada casi desorbitada en un éxtasis que nadie más podría comprender. Cuando no llegó, continuó — vamos a mudarnos juntos pronto y tomará mi apellido.
El ver la impresión en el rostro de Namjoon, Yoongi no sabía a dónde huir. Que alguien le cerrara la boca a ese imbécil.
— Yo n--
— Claro que sí, amor. No deberías avergonzarte, me parece muy tierno que quieras cambiarte el nombre por mí.
— Sí Yoon, no te juzgo, sólo... Es inesperado.
[...]
Yoongi no quería darle la cara a Namjoon después de esa conversación, gracias al cielo interrumpida por la llegada del entrenador, que dejó la práctica más corta de lo usual porque tenía pendiente asistir al recital de ballet de su hija. Nadie se quejó de ello, más bien la mayoría estaban enternecidos y le desearon suerte.
Una vez todo acabó se dirigió a las duchas, normalmente esperaba hasta llegar a su casa, pero ese día eligió ahorrar tiempo.
Mala elección.
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