20

351 52 9
                                        




Cuando se trataba de bodas arregladas por dinero, montar circo, maroma y teatro era lo más fácil. En lo que se sintió como un abrir y cerrar de ojos, Yoongi ya estaba de pie en el elegante salón con capacidad para doscientas personas, donde se celebraba la que pronto se convertiría en su fiesta de compromiso. Aún nadie allí sabía cuál era el gran anuncio reservado para el final de la noche, ya que, oficialmente era la gala benéfica que hacían los Park cada año y la temática de la fiesta eran los antifaces.

Los sonidos de risas hipócritas, tacones de diseñador, y música baja ambientaban el lugar, incluso había un grupo de gente en la terraza con piscina, halagándose entre sí, felicitándose por la casa nueva, la venta del mes, el viaje espectacular, los mejores hijos, los futuros nietos, la nueva sucursal de la empresa...

En resumen, por las fotos más bonitas en redes. Si la envidia desprendiera un olor, todo quedaría vacío en cuestión de segundos.

Como si la boda próxima a ocurrir por sí sola no fuera suficiente para ponerle los nervios de punta, el traje de Yoongi que tanto lo había hecho sufrir y que servía de recordatorio de por qué estaba ignorando a sus padres desde hace días era de buen corte; blanco con algunos detalles plateados. Además, encima tenía puesta una capa delgada que simulaba plumas ligeras que le aportaban más elegancia.

La persona que más odiaba en el mundo, se encontraba a su lado en aquel momento. Con uno de sus brazos rodeando su cintura de forma pretenciosa, con una sonrisa sobre su rostro que a Yoongi se le hacía casi burlesca, una postura erguida, confiada.

Eso quizá porque Jimin realmente tenía el control de la situación en ese momento. Había logrado involucrarlo en este juego retorcido suyo donde él pasaba a ser nada más que una marioneta con cuerdas para ser tiradas sin ningún tipo de piedad.

Todos los miraban ya sea de reojo o directamente al saludarlos, debido a que debía llamar mucho la atención el contraste entre el traje blanco "emplumado" y el negro más sobrio, pero con detalles en las mangas que sugerían las plumas también.

Claro, el cisne blanco y el cisne negro, la reafirmación de que estaban allí como pareja.

Se soltó del agarre con el disimulo que se veía forzado a tener para con los invitados, pero con un lenguaje corporal de rechazo evidente para Jimin.

— Deja de tocarme — dijo en un tono mordaz mientras se sacudía el traje allí donde o había tocado, como si lo hubiera ensuciado. Él le sonrió, sin ofenderse en absoluto por su gesto grosero.

— Como quieras, de todas formas podré degustarte cuando llegue el momento — que lo haya dicho con tanta seguridad y sin siquiera mirarlo, le dio ganas de soltarle un puño. Se alejó de él antes de que le ganara el impulso, sin querer hablarle más de lo necesario, dirigiéndose a una chica que hacía parte del personal contratado para el evento, debidamente distinguido por el uniforme.

— Disculpa, ¿Sabes dónde queda el baño? — ella asintió con cierta timidez y le dio las indicaciones en voz baja. Él le agradeció y fue no sin antes llevarse una de las copas con licor que ella sostenía en una bandeja.

Se tragó el contenido de golpe devolviéndola a otra bandeja, esta vez sin siquiera ver a la persona que la sostenía. Cuando estaba a un par de pasos de la puerta, sintió una mano pesada, cálida sobre su brazo y su padre apareció en su campo de visión con un traje azul oscuro y un antifaz a juego.

Tenía una sonrisa, que lucía genuina y ¿Cómo no?

A partir de esa noche sus ventas comenzarían a dispararse.

Le dolía ver la emoción en sus ojos y por unos momentos se cuestionó a sí mismo al respecto, ¿Estaría siendo realmente desagradecido con las personas que se lo han dado todo?

— Buenas noches hijo, esperaba verte apenas llegué de Tokio ayer, pero tu mamá me dijo que estás en parciales, ¿Cómo te está yendo con eso?

Se dio media vuelta para poder verlo de frente, sintió que los ojos le escocían y parpadeó un par de veces para contener su llanto, que al menos no sería visible debido a la máscara que cubría la mitad de su rostro.

— Bien. Todos los he aprobado en cinco — dijo en voz muy baja, apenas controlada.

Youngjae asintió sin borrar su sonrisa.

— Me alegra mucho escuchar eso. Confieso que no tengo ni idea de moda, pero tu madre estaba en lo cierto con respecto a lo bien que te queda ese traje, estoy orgulloso de tener un hijo tan lindo — no respondió nada a ello, era increíble que la primera vez que escuchaba a su padre decir que estaba orgulloso de él, tenía que ver meramente con su apariencia física.

De otro modo, ningún cinco, ningún logro o felicitación de parte de sus profesores fue suficiente.

— Debo ir al baño — le dijo sin mirarlo y entró, cerrando la puerta con seguro tras él.

No encendió la luz, simplemente se deslizó hasta acabar sentado en el suelo, sin importarle si ahora sí se ensuciaba, ni nada.

Nada en absoluto.








¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
J. O. Y | JimSu/ KookgiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora