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A varios kilómetros de allí, un par de horas antes, Yoongi fingía (con una naturalidad espeluznante, debo decir), una sonrisa, tolerando a duras penas el suave y cálido agarre de Jimin sobre su cintura. El recién mencionado había interrumpido la cena hace un par de segundos, golpeando su copa con una cucharilla de plata que había en su mesa.

La música dejó se detuvo por completo. El silencio reinó, muestra de total atención. Las cámaras se dirigieron a ellos enseguida.

— Buenas noches a todos, espero que estén disfrutando de la velada y de la fiesta. Agradecemos de parte de toda la firma la cantidad copiosa de donaciones que hemos recibido este año — comenzó a decir el señor Park, con una sonrisa amable, aunque no se había puesto de pie como ellos dos, dejándolos resaltar.

Una ronda de aplausos se escuchó en todo el salón.

— Así es, esta noche celebramos la fundación que ha dado hogar a miles de niños en nuestro país, el quinto año cumpliendo con esta maravillosa labor — continuó Jimin — sin embargo, esta noche, también celebramos la alianza de nuestra gran familia con los Min — dijo y lo miró, acariciando su cintura de forma casi íntima. Tomó toda la fuerza de voluntad de Yoongi el no golpearlo.

Otra ronda de aplausos resonó, esta vez junto a algunas felicitaciones en voz alta y los flashes de cámaras. Usualmente los Park pagaban para asegurarse de que hubiera un reportaje y una nota dedicada a ellos en el horario estelar del noticiero, ahora con esta primicia, seguro saldría en cada periódico mañana al amanecer.

En aquel momento Jimin se separó y el corazón a Yoongi le dio un vuelco (no en el buen sentido) cuando lo vio ponerse sobre una de sus rodillas y sacar una caja de terciopelo roja del traje negro. Se quitó el antifaz para mostrar bien su expresión de dicha y abrió la cajita descubriendo en ella un anillo de oro blanco cubierto de diamantes, con uno enorme engastado justo en medio.

— Yoongi, estos meses que he compartido contigo, años desde que nuestras familias se conocen... Me he enamorado perdidamente de ti, y estoy dispuesto a compartir mi vida contigo, ¿Aceptarías casarte conmigo? — a simple vista, cualquiera diría que la sonrisa de Jimin se veía tierna, pero a Yoongi le aterraba, nadie le dijo que iba a ser de esta manera, así que su acto casi flaquea, sus piernas comenzaron a temblar y podía sentir la mirada expectante de todos los presentes.

La de su padre y la amenaza legible en la de Jimin pesaron más.

— Por supuesto que sí — se forzó a decir, pero no le salió con la emoción que debió.

Sin embargo, ese detalle nadie lo notó, o a nadie le importó; las personas allí estallaron en gritos, felicitaciones y aplausos. Jimin besó sus nudillos, le puso el anillo en el dedo anular y se levantó prácticamente de un salto.

Entonces se inclinó hacia abajo y...

Lo besó.

Yoongi se congeló, queriendo alejarse por mero instinto, pero Jimin presionó un brazo en su espalda baja impidiendo que se apartara de su cuerpo, al contrario, acercándolo más. A ello se sumó una mano tirando de los cabellos en su nuca para obligarlo a corresponder, ya que, tenía los labios cerrados firmemente.

Desde afuera, parecía un beso apasionado, pero él técnicamente estaba luchando para que no pasara.

Un pellizco en su cintura finalmente lo hizo abrir la boca y la lengua de Jimin la invadió al instante. Yoongi tenía sus manos sobre su pecho, queriendo empujarlo y sabiendo que no podía hacerlo porque la gente aún los miraba a pesar de que las conversaciones empezaban a reanudarse.

Cuando finalmente pareció saciarse, Jimin se separó apenas y Yoongi tenía la respiración acelerada; sintió sus labios hormiguear, su estómago apretado y el asco subirle por la garganta, era horrible.

— Tus labios son como siempre imaginé. Diría que incluso mejores — aquel comentario no hizo mucho por disminuir su aversión, pero ya no podía mostrar el desagrado en su gesto, así que eligió guardar silencio.

Vio a su padre acercarse a Jimin y darle una palmada en la espalda, con una sonrisa de oreja a oreja. Su felicidad estaba terminando de romperlo.

— Bienvenido a la familia, cariño — le dijo la señora Park a él, abrazando su cuerpo tenso. Estaba tan asqueado que no quería que nadie más se le acercara, pero tenía que soportarlo por unas horas más.

Quizá por lo que le quedaba de vida.

Las mejillas le dolieron por la sonrisa que tenía. Nadie podría imaginar que sus ojos brillaban de la tristeza y los que lo sabían hacían de cuenta que no.

Como su mamá, que vino a abrazarlo justo después, con la mayor de las efusividades.

— ¡Estoy muy feliz por ti, mi niño! — le dijo con ese tono que al parecer siempre había sido falso — están hechos para el otro — Yoongi sólo la miraba, sin decir nada, comenzaba a sentirse entumecido de tanto sonreír, pero era una sonrisa tan falsa.

Tan falsa como todo allí a excepción de los diamantes que pesaban en su dedo anular.









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Dato curioso:

Anillo de GLAMIRA "Sashenka"

Oro blanco 18K y diamantes.

Valuado en 52.3 M de pesos  😳

J. O. Y | JimSu/ KookgiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora