Victoria Gaspar
No me estaba sintiendo muy bien, tenía algunos dolores en el vientre. Avisé a mi tía, que avisó a Maria Luiza, que avisó a Yuri, que avisó a Endrick, que avisó a Veiga.
Resumiendo: ya estaba todo el mundo aquí, todos diciendo algo, lo que me estaba haciendo perder la paciencia.
—¿Estás bien? ¿Dónde te duele? ¿Será que ya va a parir Marina? —decía Endrick.
—No voy a parir, Endrick. Solo es un dolorcito normal, no entiendo todo este alboroto —dije cruzando los brazos.
—¿No quieres ir al hospital? —preguntó Veiga.
—Gente, estoy bien, ¿vale? Gracias por la preocupación.
—Vamos a pasar el día contigo.
—¿No tienen trabajo? ¿Y no tienen entrenamiento?
—Tú eres más importante. Mi madre va a entender por qué no vamos a la boutique.
—Abel y Leila lo van a entender.
—Chicos, vayan a sus trabajos. Yo me quedo con ella. Cuando salgan del entrenamiento, vienen, y ustedes cuando salgan del trabajo también vienen —dijo mi tía.
Ellos estuvieron de acuerdo y se fueron, pero cada uno me dio un beso en la mejilla y en la barriga.
Marina se sentó cerca de mí y acarició mi barriga.
—Está grande, ¿verdad? Ya casi llegan los nueve meses.
—Tengo muchas ganas de que llegue pronto.
—¿Qué pasó, eh? Esos dolores los conozco bien, y sé que fue por rabia.
—Richard me vio en la cena de Piquerez ayer e insinuó que estaba con Pique, y todavía me llamó puta.
—¿Él qué? —dijo Marina levantándose.
—Pues sí, pero si su intención era afectarme, no lo logró. Solo hizo que lo odiara más.
—Tanto odio le tienes que va a salir con la cara escupida de él.
—Dios mío, ojalá que no, ya bastante tengo con tener que convivir con él. —nos reímos.
Richard Rios
Ya estaba en el centro de entrenamiento, Endrick y Veiga aún no habían llegado y yo ya estaba preocupado.
No quise hablar con Piquerez, porque el odio que le tengo es tal que podría perder el control.
Los dos llegaron y fui directo hacia ellos.
—¿Y entonces, dónde estaban? Tardaron.
—Con Victoria —fruncí el ceño.
—¿Haciendo qué?
—Ella tenía dolor, fuimos allá. —di un salto del banco.
—¿Dolor? ¿Cómo así? ¿Y por qué no me avisaron? ¿Está bien?
—Tranquilo, Rios, ya está bien. Solo fue un dolor. Quédate tranquilo, que Vic y Helena están bien.
Asentí, pero lo que realmente quería era salir corriendo e ir hasta allá.
Entrené con la cabeza a mil, solo pensando en cómo estaban ella y mi hija.
El entrenamiento terminó y fui corriendo hasta la casa de Victoria.
Llegué y el portero me dejó subir de inmediato, me conocía.
Toqué el timbre y una rubia parecida a Victoria vino a atender.
—Hola, vine a ver a Victoria. —la mujer me miraba con odio.
No dijo nada, simplemente me dejó pasar.
Victoria estaba sentada organizando algunos pañales en un organizador.
Estaba sonriendo, pero cuando me vio puso la peor cara del mundo.
—Me enteré de que tenías dolor. ¿Cómo estás? ¿Y Helena?
—Estamos bien, no fue nada grave.
—Me voy a quedar contigo aquí.
—No hace falta, estoy bien.
—Pero me voy a quedar, por si te vuelve a doler.
Ella respira y la mujer se acerca a ella.
—Amor, me voy, ¿ok? Cualquier cosa me llamas y vengo corriendo.
—Está bien, tía. Gracias.
Las dos se despiden, la mujer se fue y solo quedamos nosotros dos.
Ella actuaba como si yo no estuviera allí.
—¿Puedes dejar de fingir que no estoy aquí?
—¿Puedes dejar de hablarme para que yo pueda fingir que no estás aquí?
Paso la mano por el rostro, respirando hondo.
—¿Fue un dolor fuerte?
—Nada grave, solo un dolorcito tonto.
Asentí y me acerqué a ella.
Empecé a hablarle a Helena, que empezó a patear.
Te digo, qué momento único. Lo mejor es sentirla patear cuando escucha mi voz.
Victoria sonreía disimuladamente.
—Ey.
Ella me mira.
—Perdón, fui un idiota contigo ayer.
—¿Solo ayer? ¿En serio?
—Vale, soy un imbécil, pero perdón, perdí la cabeza, no sé... no quería decir esas cosas.
—Pero las dijiste. Si todo lo que hicieras se resolviera solo con una disculpa, ya seríamos mejores amigos.
—Lo sé, tienes razón. Pero... —me rasqué la nuca— tú y Piquerez, ¿tienen algo?
Ella se ríe fuerte.
—¿Está tan obvio así? —pongo cara seria, lo que la hace reír más.
Ella se ríe fuerte.
—No sé de dónde sacaste esa idea idiota de que Joaquin y yo teníamos algo.
—¿Entonces no tienen?
—No es que eso sea asunto tuyo, pero no, solo somos colegas. —solté el aire que ni sabía que estaba conteniendo y suspiré aliviado.
—Ah, qué bien.
—¿Estás celoso, es eso?
—¿Celoso? ¿En serio? Obvio que no.
Ella se ríe aún más, lo que me hace reír también.
—Ay —se lleva la mano al vientre.
—¿Qué pasó? ¿Te duele?
—No, burro, es Helena que está pateando.
Volví a poner la mano en su barriga, y esta vez Helena pateaba descontroladamente.
Por lo que estaba viendo, estábamos en paz... o ella simplemente me estaba tolerando. Prefiero creer en la primera opción.
Tengo ganas de saltarme los meses de Victoria, ya no aguanto más y quiero que tenga a Helena de una vez, ¿qué opinan?
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Meu acaso|Richard Rios
FanfictionDonde Victoria Gaspar pasa una noche con el jugador de palmeiras Richard Rios, pero no imagino que esto causaría problemas.
