cap 38

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Victoria Gaspar

Piquerez me llevó a cenar a un restaurante muy lindo y elegante, por cierto.

La cena fue increíble, y no pasó nada más allá de unos besitos y algunas caricias.

Maria Luiza me mandó un mensaje diciendo que Richard estaba como loco, lleno de curiosidad y también de rabia.

Está siendo lindo este momento con el uruguayo, pero sé que no va a ir muy lejos.

Igual voy a disfrutar mientras pueda. La vida es una sola.

¿Podría estar ahora mismo en un motel, gimiendo y montando como loca para él? Podría.

Pero estoy yendo a casa. Maria Luiza me contó que Helena todavía no se había dormido y estaba toda inquieta, y ya son casi medianoche.

Así que voy a dejar ese momento para otra ocasión.

Piquerez estaciona frente a mi edificio, me quito el cinturón y antes de bajar me despido de él.

—Chau, Pique. Gracias por hoy, fue increíble.

—Adiós, Vic. Espero salir más seguido contigo.

—Claro, cuando quieras.

Él sonríe y me jala para un beso, que termina por falta de aire. Lo cierro con unos piquitos.

Bajo del auto y al entrar al edificio lo veo arrancar con el coche.

Al llegar al piso de mi departamento ya se escuchaba la voz de Endrick, que parece hablar con un micrófono de lo fuerte que grita.

—Buenas noches, ¿podés hablar más bajo, por favor? —digo apenas entro a casa.

Helena, que tenía la cabeza apoyada en el hombro de Richard, la levantó rápido y abrió los brazos para que la tomara en brazos.

Y así lo hice. Richard parecía observar cada rincón de mi cuerpo con una cara nada buena.

—Nos vamos a dormir. Vamos, Endrick.

—¿Nos vamos? —pregunta Endrick, confundido.

—Sí, nos vamos —Maria lo mira seria y él parece entender, así que se va con ella, dejándome sola con Richard.

—¿La pasaste bien esta noche?

Decido no responder. Sé a dónde quiere llegar con esa pregunta.

—Deja de ignorarme, Victoria.

—¿Qué quieres, Richard? —respondo ya sin paciencia, mientras balanceo a Helena para que se duerma.

—¿Por qué estás haciendo esto conmigo?

—¿Haciendo qué?

—Torturándome, carajo. Sé que me equivoqué otra vez contigo, pero no sabía lo que sentía.

—¿Y ahora sí sabes?

—Sí. Eres la dueña de todos mis sentimientos.

—Cuéntale esa historia a otra —me siento en el sofá, acariciando el cabello castaño de mi hija.

—¿Por qué no me crees?

—Porque estoy cansada de creerte —respiro hondo—. Siempre es la misma historia y nunca cambia. Tú sales haciendo todo sin pensar y después vienes a pedir disculpas. Al final, la que termina herida soy yo.

—Lo sé —se sienta a mi lado, mirando a Helena y a mí—. Pero te juro por todo lo más sagrado que estoy dispuesto a cambiar. Quiero vivir con vosotras, Victoria.Contigo, yo y nuestra hija.

—Eso ya lo estábamos viviendo, Richard. Pero vos preferiste meter a otra persona en el medio.

—Fue la peor decisión de mi vida.

—Fue la peor porque yo me enteré. Si no, seguiría siendo tu mejor decisión y yo la boluda de todo esto.

—La mejor decisión eres tú. Dejame demostrarlo. Dejame hacerlo diferente.

No respondí. El silencio es la mejor respuesta.

Si digo que no quiero tenerlo cerca otra vez, estaría mintiendo.

Pero mi salud mental va primero. No quiero decepcionarme por tercera vez.

—Ya no puedo más.

Lo dije y me fui, dejándolo solo ahí. La verdad es que ya estaba cansada de toda esta situación. Él solo piensa en sí mismo. Y tal vez verlo sufrir y correr detrás de mí no sea tan malo después de todo.

Meu acaso|Richard RiosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora