cap 29

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Victoria Gaspar

Ya salimos de la maternidad y estamos en casa.

Me siento rara sin mi panza enorme.

Pero mi cuerpito ya estaba volviendo.

Ahora toca acostumbrarse a la nueva rutina.

Me di un baño de esos que limpian el alma y sacan toda la energía de hospital. Me puse un short de mezclilla y una blusa negra de tirantes. Hacía mucho calor.

Escuché el timbre y fui a abrir.

—Buenos días, rubia —dijo Richard entrando y dándome un beso en la cabeza. Ya es costumbre.

Acababa de salir del entrenamiento y vino directo para acá.

—Buenos días, colombiano.

—¿Dónde está mi niña? ¿Está despierta?

—Durmiendo. Ya pronto se despierta para comer.

—¿Estás llena, no? —dijo mirando mi pecho, que tenía pañales de tela para que la leche no se filtrara.

—Demasiado, Hasta duele.

—¿Quieres ayuda para vaciar? —dice con una sonrisa de lado. Le saqué el dedo.

—Quiero ayuda para darte un golpe, atrevido.

Él se ríe. Estaba acostado en el sofá con los brazos detrás de la cabeza, más guapo de lo que ya es.

Pasaba por su lado cuando me jaló y terminé encima de él.

—Ay, Richard.

—¿Te dolió?

Empecé a hacer mi teatro, poniendo cara de dolor. Él me miró preocupado.

—¿Dónde te dolió? lo siento , espera, voy a buscar algo para ponerte.

Me reí al ver su desesperación.

—Ay, Victoria, vete al diablo. Pensé que era verdad.

—Caes en todo lo que digo, tonto.

—Debe ser porque estoy enamorado por ti.

—ajá, y yo soy Beyoncé

—¿Por qué no me crees? —dijo poniendo la mano en mi trasero. Iba a quitarla, pero la apretó fuerte.

—Dame un motivo para creerte.

—Soy lindo y delicioso.

Me reí fuerte.

—Iluso.

Me agarró del cabello y empezó a darme besos por el cuello.

—Suéltame Richard

Él murmuró un "hujum" y siguió con los besos.

Ya sentía algo duro debajo de mí. Mordí los labios.

—¡Sal, Montoya!

Ya me estaba volviendo loca. Por suerte, Helena lloró.

Salté de encima de él y le di un manotazo.

—Entrometido.

Fui al cuarto y tomé a mi chiquita que estaba llorando.

—Hola, amor. Mamá está aquí.

La mecí, saqué el pecho y lo acerqué a su boquita. Lo devoró.

Me senté en la silla de lactancia y me quedé ahí con ella. Pronto Richard llegó y se sentó en un sillón a mi lado.

Miré su brazo.
—¿Te tatuaste?

—Sí.

Extendió el brazo para mostrarme. Ahí estaba.

El piecito de Helena, su nombre, la fecha... y una V.

Fruncí el ceño y lo miré. Él sonreía.

—V de Victoria.

—Estás loco.

—Por ti —dijo acercándose y dejando un beso en la parte superior de mi cabeza.

Sonreí y miré a Helena, que seguía comiendo con los ojos cerrados.

Cuando terminó, él la pidió y se la entregué.

...

Ya era de noche. Richard había pasado el día aquí. Estábamos en mi cuarto, él con Helena acostada sobre su pecho mientras veía algo, y yo doblando su ropita.

—¿No te vas?

—¿Me estás echando?

—Sí.

—Para tu información, voy a dormir aquí.

—¿Desde cuándo te dejé?

—Tú no tienes que dejar nada. Mi niña manda aquí.

—Ubícate. Vas a dormir en el sofá.

—Voy a dormir contigo.

—Sigue soñando Montoya

—Mi apellido suena más bonito cuando tú lo dices.

—Es porque soy bonita.

Terminé de doblar la ropa y la llevé al armario de Helena. Volví y la tomé para bañarla.

La niña empezó a llorar. ¿Puedes creerlo?

Le puse una ropita y traté de dormirla.

Lo logré, por fin, y fui a mi cuarto.

Richard seguía acostado, pero ahora con el cabello mojado, sin camisa y con un short.

—¿Eh? ¿De quién es esa ropa?

—Mía.

—¿Desde cuándo tienes ropa aquí?

—Desde hoy. Va a haber siempre.

—Dios mío, cómo sueñas alto.

Él se ríe y se levanta. Vi que venía hacia mí, así que me fui directo al baño.

Me bañé y me puse un baby doll negro. Volví al cuarto.

—¿Qué haces aquí? Sal de mi cama y de mi cuarto.

Él finge no escuchar. Yo revuelvo los ojos.

—¡Anda, Richard!

Me jaló para acostarme con él. Intenté soltarme, pero fue inútil. Él tiene más fuerza que yo.

—¡Sal!

—No. Vamos a dormir.

—¡A la sala, Richard! ¡Anda!

—¿Vas a mandar al amor de tu vida a la sala?

—¿Qué amor de mi vida, loco? ¡Sal!

Él pasó los brazos por mi cintura. Intenté quitarlos, pero no pude.

Respiré hondo y me acosté. No iba a salir.

Me di la vuelta y él seguía con los brazos en mi cintura y la cabeza en mi cuello.

Lo que me toca.

Me dormí rápido. Él también.

Amando este coqueteo entre ellos. Ese besito viene 🥰

Meu acaso|Richard RiosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora