—Vuelve pronto, estoy extrañando a mi Lenita—dijo Maria.
—Gracias por la consideración, colega —fingí estar dolida.
Yuri pasó al fondo de la videollamada y le grité.
—¡Ey, Yuri! —miró a la cámara, asintió serio y se fue.
No entendí ese cambio en él. Maria Luiza me miró un poco incómoda y se despidió, colgando la llamada.
Respiré hondo, ya sabía el motivo por el que él estaba así de raro.
Fui al agua donde Richard estaba con Helena. Mi nenita estaba toda linda con su traje de baño y un sombrerito.
Richard estaba sin camisa, dejando ver sus tatuajes y ese abdomen increíble, lo que me hizo querer entregarme ahí mismo, pero me contuve.
Richard estaba sosteniendo a Helena. Decidí tomarle una foto y publicarla.
Story on
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@Victoriagasparb mi vida 🤍 Story off
La dejó en el suelo y comenzó a llorar sintiendo el agua golpear sus pequeños pies.
Me reí con la escena, pobre de mi bebé.
Richard se acercó a mí y me dio un beso.
Gracias a Dios estábamos súper bien, y que siga así.
Fui al baño y me hice una foto en el espejo, estaba muy caliente después del embarazo.
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@victoriagasparb
Volví al lugar donde estaban mis vidas y nos quedamos ahí, disfrutando.
Helena se durmió y ya estaba cayendo la noche, así que volvimos al hotel.
Llegamos al hotel y puse a Helena en la cuna que había aquí, en un rato se despierta y le doy un baño.
Yo todavía estaba en traje de baño, Richard ya vino con sus bromitas.
—Calma ese fuego ahí, Montoya.
—Te extraño, amor —dijo dando besos en mi cuello.
Me giré y lo besé, él me tomó en brazos, me tiró en la cama y empezó a darme besos por el cuello hasta llegar a mis pechos. Volvió a besarme mientras bajaba la tira de mi traje de baño. Cuando estábamos entrando en la mejor parte, sonó su celular.
—mierda—tiró el teléfono lejos y volvió a besarme.
El celular sonaba descontroladamente, me irrité y detuve el beso.
—Atiende —me miró y suspiró, ambos intentando controlar la respiración.
—¿Aló? la puta que te parió Quema todo lo que esté ahí o dónalo, después compro todo nuevo. Natália, chau.
Colgó y bufó, puse los ojos en blanco.
—Esa mujer no te deja en paz, ¿verdad?
—No sé qué más hacer —se pasó la mano por la cara.
—Creo que deberías ponerle un fin. No se puede, Richard, siempre hay algo en medio de nuestra relación.
—Lo sé, amor, lo voy a resolver. Nada va a separarnos, ¿ok?
Solo asentí y me subí encima de él. Quería entregarme a él, y iba a ser ahora. Que hombre tan delicioso , carajo.