cap. -23~t2~

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🥀.-"salto del tiempo wuuuu!"

🥀.-"preparados ver a la nena o nene?"

Caminaba de un lado a otro aún con ligeros temblores en las manos, hace unos minutos habían empezado las contracciones de su pareja y sus queridos de dolor le daban más nervios

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Caminaba de un lado a otro aún con ligeros temblores en las manos, hace unos minutos habían empezado las contracciones de su pareja y sus queridos de dolor le daban más nervios.

Le preocupaba que valla algo mal y Lily aún no llegaba para ayudarlos a fácilitar el nacimiento del bebé, las lágrimas se hacían presentes en el blanco rostro de su ex- príncipe y eso lo ponía aún más nervioso.

-tranquilo cariño, r-respira conmigo Lily llegará en cualquier momento ok?-.

-d-deacuerdo- respondió agitadamente-.

Cada minuto hacia que el dolor abdominal aumentará en el pelirrojo, mientras esperaban al Ángel de la vida atraer empezó a preparar paños y agua tibia.

Desvistio a su amado para ponerle una bata y recostarlo en la cama, después empezó  a marcar el número de Lily mientras que la otra era apretada por atticus.

El teléfono apenas dio un par de tonos antes de que la voz agitada de Lily contestara al otro lado.

-¡Ya voy en camino, resistan! -exclamó sin dudar-.

Azrael cortó la llamada con manos temblorosas, dejando el aparato sobre la mesa mientras se inclinaba otra vez hacia Atticus. Su frente estaba perlada de sudor, su respiración entrecortada y sus dedos se aferraban como garras al brazo del pelinegro.

-C-cariño… no puedo… -gimió el príncipe, apretando los ojos-.

Azrael le tomó el rostro con ambas manos, tratando de sonar fuerte aunque por dentro se rompía.

-Sí puedes, Atticus, mírame… mírame, amor. Tú eres fuerte, más de lo que crees. Y no estás solo, ¿me escuchas? No pienso dejarte-.

El pelirrojo, entre jadeos, lo miró con lágrimas y esbozó una débil sonrisa

-Eres un desastre…para calmar a la gente...pero eres mi desastre-.

Azrael soltó una risita nerviosa, besándole la frente

- Y quiero seguir siéndolo para siempre-.

Un fuerte grito cortó el aire, haciendo que su corazón se encogiera. En ese instante, la puerta se abrió de golpe: Lily, con sus alas extendidas, entró cargada de calma y autoridad.

-¡Azrael, agua caliente y mantas! -ordenó sin perder el tiempo. -Atticus, escucha mi voz y concéntrate en respirar. No dejaré que nada le pase ni a ti ni a tu bebé-.

Azrael obedeció de inmediato, corriendo a colocar las mantas junto a la cama, empapando paños con agua tibia y volviendo con prisa para colocarlos donde Lily le indicaba. El cuarto se llenó de tensión y, al mismo tiempo, de un silencio solemne, como si todo el mundo se hubiese detenido solo para ellos tres.

El Angel PrometidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora