Desde la caída de un angel rebelde, varios serés divinos tuvieron que pagar la condena del trato entre Dios y el rey infernal, para mantener el tratado de paz un angel tendrá que derramar sangre sobre las manos del rey y si quiere vivir tendrá que c...
🥀. -"Hey, Hey, que les parecío nuestro Lucifer celoso? Una dulzura lo sé🤗"
🥀.-"ahora imagínense a Alastor 👹"
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El sol se filtraba a través de las cortinas pesadas, iluminando la habitación con una calidez casi irónica, como si el cielo ignorara que apenas minutos antes los gritos, celos y posesividad habían hecho temblar hasta las paredes.
Lucifer estaba sentado en el sillón, con los brazos cruzados, las alas aún medio desplegadas como clara señal de que seguía molesto. Su ceño fruncido era digno de un emperador en guerra.
Alastor, en cambio, se encontraba de pie frente a él, con esa sonrisa socarrona en los labios y el porte regio que no se inmutaba jamás. Se inclinó apenas, como si ofreciera una reverencia burlona.
-¿Vas a seguir con esa carita de tragedia todo el día, mi Luci?-canturreó con voz melódica-.
Lucifer levantó la barbilla con altivez.
-No es cara de tragedia. Es cara de esposo decepcionado-.
Alastor rio, bajo y elegante, acercándose sin prisa.
-Pues hasta decepcionado te ves hermoso... ¿Cómo lo haces, eh? -.murmuró, dejándose caer a su lado en el sillón, pegándose descaradamente-.
Lucifer resopló, intentando apartarse un poco.
-No me vengas con tus halagos baratos, Alastor..-.
-¿Baratos? -Alastor fingió ofensa, llevándose una mano al pecho-. ¡Por todos los cielos y los infiernos, mis halagos cuestan sangre, guerras y hasta la vida misma!-.
Lucifer giró los ojos, pero sus labios ya temblaban conteniendo una sonrisa.
-Ridículo...-.
Alastor aprovechó ese titubeo, apoyó su cabeza en el hombro del rey y suspiró dramáticamente.
-Ay, Luci, no me castigues con tu indiferencia... Si me dejas de hablar, tendré que secuestrarte en tu propia habitación hasta que me perdones-.
Lucifer lo miró de reojo, ya divertido.
-Eso no se llama castigo, Alastor... eso se llama rutina matrimonial contigo-.
Ambos terminaron riendo, y el ambiente, que antes había sido pesado, se llenó de esa chispa cómplice que solo ellos podían compartir: entre reclamos, sarcasmos y empalagosas muestras de afecto.
-bueno dulzura....- su risa paró dirigiendo peligrosamente sus manos a la camisa de Lucifer- supongo que tenemos tiempo para un...rapidin?-.
Esa sonrisa demoníaca se hizo presente, una que demostraba claramente sus morbosas intenciones.
-quieta esas manos demonio-.
Ordenó el Rubio con algo de seriedad separando esas grandes manos...de color negro, ahora que Lucifer lo recordaba esas palmas adornadas de las garras Rojas antes eran morenas...antes de tomar su máxima transformación.