Desde la caída de un angel rebelde, varios serés divinos tuvieron que pagar la condena del trato entre Dios y el rey infernal, para mantener el tratado de paz un angel tendrá que derramar sangre sobre las manos del rey y si quiere vivir tendrá que c...
🥀.-"no me hago responsable de los daños psicológico ".
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Los cielos se oscurecieron como si la mismísima muerte hubiera extendido su manto sobre el mundo. Las nubes, negras y pesadas, se arremolinaban en espirales violentos mientras los relámpagos caían uno tras otro, iluminando la tierra como cuchilladas de luz. El aire se impregnaba de un olor metálico, mezcla de sangre derramada y magia contenida, como si el universo mismo aguardara el estallido de la catástrofe.
Alastor, erguido en lo alto de la colina, contemplaba el ejército de Eva desplegado frente a él. Demonios, criaturas deformes y bestias evocadas de las profundidades rugían, golpeando sus armas contra el suelo en un coro que retumbaba como tambores de guerra. Y, en el centro de todos, como la reina de un tablero sangriento, se alzaba Eva, cubierta de un manto carmesí que parecía palpitar como si tuviera vida propia. Su mirada, fija en él, era un pozo de odio que amenazaba con devorar todo lo que alcanzara.
-Así que llegamos a esto -murmuró Alastor, con su sonrisa ensangrentada y amarga- Tu ambición no conoce límites, Eva-.
-¿Y la tuya sí? -.
replicó ella, avanzando con pasos firmes, su voz amplificada por una fuerza oscura que la hacía retumbar en cada rincón del campo de batalla
- Has jugado a ser rey entre las sombras, Alastor… pero yo vengo a arrancarte hasta el último de tus tronos-.
Las palabras eran cuchillos, pero lo que realmente habló fue el rugido ensordecedor que estalló cuando los dos ejércitos chocaron. El suelo tembló bajo el peso de la avalancha de cuerpos, acero contra acero, gritos desgarradores y alaridos inhumanos que parecían arrancar pedazos del cielo.
Alastor descendió con paso lento, elegante, pero cada huella suya en la tierra dejaba grietas como si el mundo se doblegara bajo su voluntad. Alzó su guadaña, cuya hoja brillaba con un rojo espectral, y con un solo movimiento abrió un sendero de sangre en las filas enemigas. Criaturas enteras fueron reducidas a polvo, sus huesos crepitando como brasas al contacto con su poder.
Eva respondió con furia. Alzó las manos y del cielo descendieron lanzas negras, atravesando demonios y soldados sin importar a quién pertenecieran. La guerra no era solo contra Alastor, era contra todo lo que no fuera ella.
Ambos se encontraron en el centro del caos, como dos tormentas destinadas a colisionar.
Alastor sonrió, ladeando la cabeza. -Siempre fuiste destructiva… pero mírate ahora. Ni siquiera eres Eva, eres un monstruo alimentado de tu propia rabia;.
Los ojos de ella brillaron en un tono rojizo que parecía arder desde dentro. -Prefiero ser un monstruo que una sombra como tú-.
La colisión fue brutal. Cuando sus armas se encontraron, el estruendo fue tan grande que partió la tierra bajo ellos, abriendo una grieta que se extendió como una herida hasta el horizonte. El impacto lanzó a soldados de ambos bandos al aire, y muchos que estaban demasiado cerca se desintegraron al instante, como ceniza arrastrada por el viento.