Desde la caída de un angel rebelde, varios serés divinos tuvieron que pagar la condena del trato entre Dios y el rey infernal, para mantener el tratado de paz un angel tendrá que derramar sangre sobre las manos del rey y si quiere vivir tendrá que c...
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El creador observaba cómo el humo dorado se expandía, formando imágenes que no terminaban de definirse: sombras de relojes, flores que se marchitaban y volvían a nacer, y la figura de alguien sentado en la penumbra, siempre esperando.
-Ese… -dijo con voz temblorosa-Ese recuerdo… ¿qué es?-.
Lilia sonrió apenas, como si ya supiera que esa pregunta llegaría. -El universo no olvida los instantes que lo marcan. No son las guerras, ni las caídas, ni los reinos perdidos lo que persiste. -Se inclinó hacia el frasco abierto y el humo adoptó la forma de un joven de cabellos rubios, inclinado junto a una cama-Lo que queda grabado es la espera-.
El creador frunció el ceño, confundido. -¿La espera?-.
-Seis años -respondió Lilia sin titubear, como si los hubiera contado uno por uno-Seis años de silencio, seis años donde su mundo se redujo a un solo rostro que nunca despertaba-.
La visión se volvió más clara: Lucifer, más delgado, con la mirada cansada, sosteniendo la mano de Alastor mientras el tiempo corría implacable a su alrededor
-El universo recuerda la paciencia más que la caída… porque esa espera fue su verdadero sacrificio-.
El creador contuvo el aliento al ver cómo, en la visión, Lucifer no lloraba, no gritaba… solo permanecía. Y esa permanencia era más dolorosa que cualquier batalla.
-Entonces…-murmuró él con un dejo de tristeza- lo que lo marcó no fue perderlo… sino esperarlo-.
Lilia asintió despacio, guardando de nuevo el frasco entre sus manos. -Exacto. Esa memoria es la que sostiene aún a muchos de tus mundos. Porque no hay mayor prueba de amor que esperar lo imposible-.
El silencio llenó el espacio, y por primera vez, el creador se dio cuenta de que ni él mismo había sido capaz de esperar tanto por alguien.
-¿Y… por qué?-.
Pregunto el Creador, la impaciencia devorándole la voz; sus dedos jugueteaban con los frascos alineados, como si quisiera apurar al tiempo.
-Porque cada universo central, cada anillo, no conserva la caída como núcleo -.
espondió Lilia con calma, mientras deslizó la yema de un dedo sobre el vidrio. El humo dorado volvió a alzarse y, esta vez, las escenas se hicieron más nítidas: un hombre sentado junto a una cama, noches que se volvían años, manos que apretaban dedos que no respondían, una lámpara que nunca se apagaba. Seis años en la que la espera se volvió ritual: flores cambiadas, una voz que hablaba a la nada, una esperanza que no flaqueaba.
"Lucifer.....tanto el y tu.....pueden llegar a ser capaces de esperar....14 años más?"
Lilia dejó que la visión se deshilachara en la penumbra antes de mirar al Creador.